"Érase una vez un lobito bueno al que maltrataban todos
los corderos. Había también un príncipe malo,
una bruja hermosa y un pirata honrado. Todas estas cosas había
una vez cuando yo soñaba un mundo al revés".
Este maravilloso cuento-poema es de José Agustín Goytisolo,
al que Paco Ibáñez puso música. Mucho peor es
lo que le pasa a la Caperucita de Confundiendo historias.
Charles Perrault escribió Caperucita Roja en 1697. La historia,
bien conocida, es fracamente terrible. Si la moraleja ya deja bien
claro que las niñas bonitas no deben atender los requiebros,
galanterías y adulaciones masculinas porque tras ellas puede
encontrarse el lobo malvado, los más zalameros son los más
fieros, el cuento en sí es de una gran crueldad. El lobo no
sólo se conforma con comerse a la abuelita sino que, tras una
serie de preguntas engañosas que llevarán hasta la muerte
a Caperucita, "abuelita, qué dientes más grandes
tienes", se come también a la linda protagonista del cuento.
De lo que puede deducirse que el criminal siempre gana.
Perrault ya nos tiene acostumbrados a ésta su visión
del mundo. En El gato con botas, el minino engaña, estafa,
amenaza y roba para que tanto su mísero amo como él
mismo consigan una inmensa fortuna. De lo que puede deducirse que
el delito trae buena cuenta...corriente.
Confundiendo historias tergiversa el cuento una y otra vez,
lo que en primera instancia parece razonable, pues el clásico
es terrible para nuestros días, más acostumbrados
a entender la ferocidad, la saña y la impiedad en los informativos
de televisión. Y así, confundiendo, se desarticularía
la brutalidad del lobo. Por otra parte, la linda y dulce Caperucita
tiene aquí una mala uva de cuidado, tanto confundirse con
el color de su caperuza.
Para deconstruir aún más el clásico de Perrault,
la abuelita del cuento resulta en este caso el abuelito quien, voluntariamente,
no cabe duda, una y otra vez enreda (y confunde) la historia desde
todos los ángulos, sin respetar a nadie: el abuelito la lía
con los animales del cuento, con el contenido de la cestita e incluso
con el lobo. Lo mejor es el final, por lo tanto no voy a desvelarlo.
Ahora bien, este cuento deberían aprendérselo al pie
de la letra los padres. No digamos los abuelos. En verdad, ¿así
están las cosas? Yo debo vivir en otro mundo...al revés.
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Recomendado para almas cándidas.
La clave: ¡Qué será
de los niños el día de mañana que
es hoy!
Lo mejor: Este cuento de Caperucita es
tan terrible como el de Perrault.
Lo peor: El abuelo. |
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