Las historias de James Ellroy, reales o ficticias, recuerdan las
de los maestros del género, Chandler, Hammet o Mc Cain, Thompson
o Himes. El mundo del crimen, la corrupción , la violencia,
son para el autor nacido en Los Ángeles el desagradable mundo
que le ha tocado vivir y al que no pasa ni una. Su vida quedó
marcada para siempre por el terrible y macabro asesinato de su madre,
nunca se encontró al culpable, cuando él tenía
diez años. En su homenaje escribió la estupendísima
novela La dalia negra.
Con Destino: la morgue Ellroy pone fin a la trilogía sobre
el mundo del crimen y la historia de los EE.UU. de los años
50 a los 70 del pasado siglo. A lo largo de su obra el escritor estadounidense
vuelve obsesivamente a la corrupción, los crímenes no
resueltos, el sexo y la droga, es decir, la vida misma que a él
le llevó durante un tiempo por la calle de la amargura.
Ellroy ha leido tantos y tantos expedientes policiales que no necesita
hacer ningún esfuerzo para inventar una historia negra, muy
negra, y adobarla con trozos de la historia real de su país,
al que nunca critica de palabra porque ya tiene bastante con la
visión que del mismo ofrece en sus libros con ese lenguaje
severo, brutal, que no deja títere con cabeza.
Y luego está el boxeo, ese espectáculo cruento que
resume en doce asaltos la vida de millones de individuos. Erik Morales
se enfrenta a Marco Antonio Barrera en un capítulo en el
que la sangre salpica al lector, situado en primera fila de ring
junto a la rubia de turno con estola blanca y traje de noche negro.
En Destino: la morgue desfilan personajes que aparecen en su otra
trilogía, interesantísima, titulada Trilogía
Americana, de la que aún falta el último volumen y
que está dedicada a la historia oculta de los EE.UU., al
submundo de América en el que convergen el asesinato de Kennedy,
la mafia, la CIA, el Ku Klux Klan, el FBI...., en dos libros impresionantes,
América y Seis de los grandes, escritos con el estilo austero,
el ritmo trepidante, el lenguaje conciso y coloquial y la enorme
documentación que caracterizan todos los trabajos de Ellroy.
"Harry sangró y absorbió munición. Se
combó bajo las balas y se desplomó despacio. Dejé
a Harry en el suelo. Las balas le volaron las bolas y le reventaron
las rótulas..." (...) "Hice un repaso de sus andanzas.
Harry estaba bien dotado y tenía excelentes contactos. Se
relacionaba con todos los gays famosos del momento. El voraz Raymond
Burr. El desvergonzado y derechista Robert Taylor. El sucio Dave
Gorroway. El rijoso Randolph Scott, que rompía culos en su
rancho de Río Ricondo. Rastreé recorridos, anoté
nombres. Harry jugaba a meter la manguera con la mitad de los modernos
de Hollywood. Le tiraba los trastos a Montgomery Clift. Le lamía
los lunares a Leonard Bernstein. Follaba con el fortachón
Burt Lancaster en el Leo´s Lavander Lounge". Libro imprescindible
Destino: la morgue, literatura en estado puro, aunque el párrafo
anteriormente trascrito es auténticamente cierto. El tal
Scott fue la pareja estable, durante años, de Cary Grant.
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Recomendado para buenos fajadores.
La clave: El conocimiento de la naturaleza
humana por su lado más oscuro.
Lo mejor: Escribe sobre gente violenta
en tiempos violentos y con lenguaje violento.
Lo peor: Vota a Bush. Nadie es perfecto. |
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