Buñol utilizará un camión más en la tomatina para que no vayan tan cargados y evitar riesgos
Buñol se impacienta. Todavía quedan casi dos semanas para su fiesta más famosa y los vecinos ya se preparan. Este año la tomatina tendrá pocas novedades, aunque una muy importante que favorecerá la seguridad de los lanzadores. La organización ha decidido que se aumento el número de camiones en una unidad para que los vehñiculos vayas menos cargados y los que van sobre ellos corran menos riesgos de precipitarse.
En cada uno de los camiones, unas veinticinco personas, equipadas de arsenes y con todas las medidas de seguridad preceptivas servirán la munición en forma de tomate a los miles de guerrilleros que esperarán sobre el asfalto.
Su trabajo será duro. Cien son las toneladas que el Ayuntamiento de Buñol ha comprado a la misma cooperativa que colabora con ellos desde hace varios años. Pero siempre se lanzan más tomates de los previstos, ya que la empresa suma a esa cantidad los excedentes que ya no va a aprovechar.
Los tomates ya están preparados, frescos en las cámaras frigoríficas de la cooperativa, donde se controla su maduración para que no se conviertan en verdaderas balas cuando se lancen desde las alturas de los camiones.
Una carcasa anunciará el comienzo de la batalla a las 11 de la mañana, como ya ocurrió el año pasado. El inicio se adelantó una hora para que los equipos de limpieza pudieran dejar las calles con su aspecto habitual y permitir que los vecinos comieran con tranquilidad y cumplieran con otra tradición, la siesta popular, señalada como un acto más en el programa de fiestas.
Cada año, unos 40.000 peregrinos acuden a Buñol para impregnarse de rojo. Más de cien soldados dirigirán el combate desde lo alto de sus camiones, aunque aún no se conoce sus nombres. La concejal de Fiestas, Pilar Garrigues, abrirá el plazo de inscripción dos semanas antes del gran día, aunque nunca tarda más de veinte minutos en completar la lista de candidatos.
Tras una hora de lucha, los aguerridos participantes podrán eliminar cualquier resto de acidez en alguna de las quinientas duchas habilitadas por el Consistorio o, quienes lo prefieran, en las aguas del río Juanes.