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En concreto, PNV, Partido Socialista y Batasuna han intensificado sus contactos bilaterales para perfilar las bases de una futura mesa de partidos que aborde un diálogo político para la normalización. Un diálogo que para que fructifique en acuerdos de fondo necesita que ETA dé avances claros de querer abandonar de forma definitiva la violencia.
Este triángulo PSE-PNV-Batasuna resulta decisivo en la construcción de una estrategia para los próximos meses que podría cristalizar en la constitución de una mesa de partidos antes de fin de año. Se trata de una apuesta que encierra una vertiente simbólica, porque, de hecho, el canal de diálogo en la práctica está ya funcionando mediante reuniones discretas y bilaterales entre todos los partidos, a excepción del Partido Popular. Pero la clave es que se vayan concertando un método y unos objetivos a compartir en este foro político, y que lo que se vaya a discutir tenga ya un fondo de trabajo previo que garantice un recorrido a las conversaciones y que evite un fracaso prematuro. Los viejos desencuentros de la política vasca -algunos de gran calado simbólico y doctrinal como el derecho de decisión, que enfrenta a nacionalistas y no nacionalistas- estarán sobre la mesa, al igual que la reforma del Estatuto. El papel de Ibarretxe En este modelo tendría que tener un encaje el proyecto de participación social del lehendakari Ibarretxe y su Consejo Político integrado por consejeros de EA y Ezker Batua, que pretende también tener un papel de liderazgo del proceso. Otra pieza es la que pueda ejercer el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que hoy dirigirá en la clausura de la conferencia política del PSOE un discurso de alcance político con referencias a la situación del País Vasco y a la esperanza del proceso de paz. Los últimos días han servido para limar diferencias y poner algunos de los cimientos de un diálogo que necesita la plena desaparición de la violencia -y compromisos nítidos de ETA a este respecto- para entrar en su fase 'resolutiva', es decir, para que vaya cristalizando en acuerdos políticos de fondo. Tanto los socialistas como los nacionalistas entienden que la paz no puede tener ningún precio político y que hay que separar ambos planos. 'Primero paz y luego política', suele afirmar Josu Jon Imaz. Pero a la vez emerge una reflexión de que en la práctica puede producirse en algunos momentos una cierta simultaneidad entre la mesa 'técnica' entre el Gobierno y ETA y la negociación entre partidos, siempre que quede claro que la segunda no puede estar tutelada nunca por las armas. El mayor riesgo de que ambos procesos puedan solaparse es que el foro político termine por condicionar el diálogo con ETA. Uno de los objetivos de la comunicación entre el PSE, el PNV y Batasuna pretende deshacer malentendidos, tanto sobre posibles pinzas autonomistas contra la izquierda abertzale como sobre supuestos frentes nacionalistas frente al PSOE como sobre hipotéticos intentos de aislamiento del nacionalismo institucional. Los contactos celebrados y los borradores de trabajo que se han manejado persiguen una aproximación de posiciones nada fácil porque se dilucidan proyectos estratégicos históricamente enfrentados, entre otras cosas por la fractura de la violencia y por considerables prejuicios ideológicos. El mismo Ibarretxe ha transmitido que no está dispuesto a apadrinar ninguna de las dos apuestas. Ni una reedición de Lizarra en clave de acumulación de fuerzas autodeterministas ni una mera reforma estatutaria sobre un eje de complicidad PNV-PSE.
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