Recoletos estrenará terrazas bioclimáticas que podrán utilizarse durante todo el año
La Acera de Recoletos estrenará dentro de dos meses un nuevo concepto de terraza que podrá utilizarse los 365 días del año y cuyo diseño se ha cuidado al mínimo detalle. El proyecto, elaborada por Yonatham González Varo y Monique Phou y adquirido por el Ayuntamiento de Valladolid, se basa en la arquitectura bioclimática y con él se quiere revitalizar este amplio bulevar de la ciudad, que en los últimos años gana enteros gracias a la programación de actos socioculturales de todo tipo.
Con un coste de 180.000 euros, que tendrán que ser desembolsados por el hostelero interesado, y unas dimensiones que variarán entre los cincuenta y sesenta metros cuadrados, las ecoterrazas están concebidas como un cubo modular de madera fácilmente desmontable, que aprovecha las condiciones naturales del lugar en el que se instala a través de aspectos como la ventilación natural del velador, la iluminación y la climatización de su interior a través de una piel de bambú y una cubierta vegetal. Según explican los arquitectos, el diseño busca crear un espacio introvertido y confortable en los fríos meses de invierno, mientras que en el periodo estival la apertura de ventanales permitirá el contacto con el Campo Grande, eso sí, suavizando el intenso calor con sistemas de refrigeración natural a través del riego por goteo de los maceteros que rodean esta instalación protegida por una malla metálica, que además de decorar tendrá funciones antivandálicas.
Dos de los siete establecimientos hosteleros de Recoletos en los que es posible su ubicación ya han dado el visto bueno a esta importante inversión.
'En principio están pensadas para la Acera de Recoletos, pero no descartamos que se puedan colocar en otras zonas de la ciudad que reúnan las condiciones de espacio suficientes para albergarlas', explica la concejala de Comercio y Turismo, Mercedes Cantalapiedra.
El concepto de confort es el que prima en el diseño y los materiales naturales son mayoría. El aislamiento acústico mediante los diferentes elementos que separan interior y exterior -malla metálica, piel vegetal y carpintería de madera con doble acristalamiento-, así como los acabados interiores en bambú y madera aseguran la absorción del sonido. Visualmente, la malla metálica y el bambú actúan de filtro y a la vez crean un efecto de luces y sombras en el interior. Olfativamente, se aprovechan las fragancias de las distintas especies vegetales para neutralizar los posibles malos olores que genera el tráfico rodado en el exterior, según explican los autores de este proyecto con el que se quiere 'dar un valor añadido al paseo que será acceso al casco histórico desde la futura estación del Tren de Alta Velocidad', como destaca Mercedes Cantalapiedra.