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Este aumento en el número de escolares que fumaban hachís o tomaban otro tipo de estupefacientes se debe, según el oficial de gestión de la Guardia Urbana, José Antonio Ferreiro, a 'una presencia más continuada de los agentes, que actúan de forma más intensa y eso da sus frutos'. La mayor vigilancia ha permitido también detener a cinco personas, acusadas de tráfico de drogas, en operaciones llevadas a cabo en dos bares, a menudo cercanos a los centros de estudio. Quince colegios fijos 'Los policías se incautaron en ellos, sobre todo, de hachís y dinero en efectivo. En esos locales, además de permitir el consumo, se dedicaban a la venta de estas sustancias', destacó Ferreiro. Por tipos de droga, el hachís y la marihuana siguen siendo los preferidos entre los adolescentes, aunque de vez en cuando los policías también encuentran pastillas de speed. Tampoco ha variado mucho el perfil de los consumidores. La mayoría, casi un 90%, son chicos o chicas con edades comprendidas entre los 15 y los 21 años. Ello no quita para que haya algún que otro caso extraordinario -chavales de 14 años- que se sale del prototipo habitual. Las patrullas han detectado un cambio de costumbres desde que esta campaña específica arrancó en el curso 2002-2003. 'En este tiempo hemos notado una evolución clara, no se ve a los chavales liándose un 'porro' tan descaradamente', valoró el portavoz de Aguirrelanda. Ahora, por el contrario, buscan lugares 'más recónditos y escondidos, incluso bares, por eso hemos comenzado también a dirigir nuestra atención en ellos', desveló Ferreiro. No obstante, su ámbito de actuación principal se sigue centrando en los colegios, quince en total. 'Comenzamos con una docena y se ha incrementado el número de centros fijos que vigilamos, además de algunos otros a los que acudimos de forma puntual', apunta. Un síntoma que, a su juicio, demuestra que se trata de un problema generalizado, 'que afecta a la inmensa mayoría'. En cada uno, sin embargo, las preferencias difieren a la hora de consumir. Mientras en algunos los alumnos optan por fumar en el patio, dentro del propio recinto, en otros prefieren alejarse hasta las cercanías del recinto con la intención de pasar más desapercibidos. Todo ello ha obligado a la Guardia Urbana a intensificar su control, incluso con agentes vestidos de paisano. Los policías de barrio encargados de esta tarea centran su atención en las horas de entrada y salida de los escolares, además de, por supuesto, los recreos. 'Últimamente se ha detectado que a las 7.45 de la mañana, justo antes de entrar al colegio, es cuando se surten para todo el día', recalca el portavoz. Ferreiro admite que el consumo de drogas 'es difícil de erradicar en pocos años, porque partimos de un gran consentimiento social'.
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