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Más de cien vizcaínos acuden a grupos de terapia para controlar su adicción a la comida


Siempre se ha dicho que comer es uno de los placeres de la vida, pero para algunas personas está delicia puede llegar a convertirse en una tortura. Más de un centenar de vizcaínos, de los que el 90 por ciento son mujeres, acuden a los grupos de terapia que organiza el colectivo Comedores Compulsivos con un único objetivo: superar y controlar su adicción a la ingesta de alimentos.


Picar sin tener hambre y darse atracones sin razón aparente son sólo dos de los síntomas que dan pie a esta enfermedad. Dulces y bocadillos se convierten en los primeros enemigos. La lista, no obstante, es interminable, al igual que lo son las excusas para abrir la nevera. 'Si estás contento por algo, lo celebras comiendo y si te ha ocurrido alguna desgracia, también. Al final, cualquier cambio en tu estado de ánimo tiene la misma respuesta. Hasta llegas a repetir siete veces el mismo plato', explica el portavoz de la asociación. El resultado puede ser tanto la obesidad mórbida como la bulimia.

Iñaki sabe muy bien de lo que habla. Separarse de su mujer le sumió en un 'pozo negro' que le acabó empujando a sentarse a la mesa más a menudo de lo que lo hacía hasta entonces. En su caso, el problema fue todavía más lejos, ya que para digerir todo lo que 'engullía' no dudaba en acompañarlo con vino. 'Cuanto más comía, más bebía. Así que mi obsesión casi se multiplica', reconoce ahora. Comedores compulsivos le ayudó a salir de una situación que ni médicos ni dietas lograban solucionar.

Las charlas son abiertas y gratuitas. Las claves: asumir que se tiene un problema y que éste nos lleva a no tener el control sobre nuestras vidas. 'Muchos no son conscientes de que lo que les sucede afecta a su convivencia', señala Iñaki. A partir de ahí, se repasa una tabla de doce cuestiones a poner en práctica tanto en casa como durante las sesiones. Entre ellas, 'solos no podemos y el secreto es compartir'. Los grupos de terapia no están regidos por ningún psicólogo o especialista, sino que consisten en reuniones en las que alrededor de una docena de personas se sinceran a cerca de sus experiencias y aprenden de las de los demás. Todo sin nombres ni apellidos. De forma completamente anónima. 'Pensamos en hoy, nunca en el mañana', apunta Iñaki.

Ayuda de los compañeros

Obligarse a uno mismo a buscar formas de evasión, como la lectura y la escritura, o incluso optar por el 'apadrinamiento', es decir, recurrir por teléfono a un compañero del grupo en caso de necesitar ayuda son algunas de las herramientas que se utilizan.

Hacer sólo las tres comidas diarias -siempre y cuando el médico no le haya recetado a una persona alguna más, como podría darse en el caso de diabéticos- es todo un logro. Y es que, las recaídas son un auténtico caballo de batalla. Cerca del 40 por ciento acaban volviendo a los viejos hábitos. Para combatir estas cifras, desde el colectivo plantean una serie de recomendaciones. Al igual que los ex fumadores evitan en un principio el contacto con el humo, en este caso, los comedores compulsivos deberán declinar las invitaciones a actos que incluyan banquetes, tal como bodas o comuniones. 'Hasta conseguir dominar la adicción, mejor ahorrarse cualquier tentación', justifican.

Terra Actualidad - Vocento/VMT

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