Agustín Palacios podría haber sido futbolista. El Granada quiso ficharlo cuando estudiaba la carrera en la Ciudad de la Alhambra. Sin embargo, este cordobés de Espejo decidió seguir por la senda del Derecho. Tras cuarenta años como secretario general de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Málaga, el Consejo Nacional de Cámaras le ha concedido la Medalla de Oro de la Orden de las Cámaras, la máxima distinción que se concede a presidentes de estos organismos y a aquellas personas que hayan desempeñado funciones en beneficio de éstas.
Una distinción con la que se ha galardonado a poquísimos malagueños, como señala el propio Palacios. 'En el acta se dice que es un reconocimiento a mi labor en la Cámara', comenta. El mismo día que se aprobó esta medalla, el pleno también concedió la Gran Cruz de la Orden de las Cámaras, un premio de mayor categoría y reservado para las altas personalidades, al Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón.
Cambios
Mucho han cambiado las cosas desde aquel 1965, año en el que el joven Palacios se incorporó como vicesecretario a la Cámara de Málaga, presidida entonces por Juan Jiménez Lopera e instalada en una planta de un edificio de la calle La Bolsa. Al poco tiempo, ya era secretario. Después vendrían tiempos de transformación. 'El comercio de aquellos años era muy rudimentario y ha evolucionado, como lo ha hecho la sociedad malagueña, a mejor. En estos años, las cámaras también han evolucionado en positivo', dice.
En sus años de servicio, Palacios asistió a dos importantes eventos. De un lado, como miembro del Comité Técnico de Secretarios de las Cámaras Españolas vivió en primera línea la sentencia del Tribunal Constitucional que declaró inconstitucional la afiliación obligatoria a las cámaras y la promulgación de la nueva ley -de 1993- que establece la utilidad pública de éstas y por tanto la afiliación. 'Si no existiera la afiliación obligatoria, las cámaras en España no existirían', afirma.
El otro hecho fue más local, pero de gran importancia. A pesar de la rehabilitación del edificio en que se encontraba, Palacios fue, junto al presidente Manuel Ortiz-Tallo, uno de los que pensaron en el Palacio de Villalcázar como nueva sede del organismo por las necesidades de ampliación. 'Aún recuerdo cuando fuimos a ver aquel edificio y salimos llenos de pulgas. La última función de aquel inmueble fue la de oficina de expedición de carnés de identidad; cuando nos trasladamos allí encontramos hasta dos pistolas', rememora.
En su balance, en el lado positivo pone la presidencia de Ortiz-Tallo, en los años 70 y principios 80, 'un periodo de claro impulso de la cámara'. 'El momento más desagradable fue la falsificación de votos en las elecciones de 1998, que tuve que denunciar en el juzgado', manifiesta.
La enseñanza ha sido su otra pasión. Desde 1966 hasta septiembre del pasado año estuvo dando clases. Primero en Económicas y luego en Derecho. De estos años guarda gratos recuerdos ya que fue uno de los miembros de la Asociación de Amigos de la Universidad de Málaga, que impulsó su creación. En las aulas trabó amistad con Ramón Tamames, conoció a Braulio Medel -presidente de Unicaja- como profesor y Magdalena Álvarez fue su alumna. De la ministra de Fomento,destaca su valía persona. 'Es una mujer extraordinaria y muy valiosísima', subraya en su despacho, donde acude diariamente a trabajar.