Este es el libro de la película Mar adentro, con prólogo de Alejandro Amenábar, que contiene la última carta inédita escrita por Ramón Sampedro antes de morir, una emocionante y conmovedora carta de despedida.
El 23 de agosto de 1968, Ramón Sampedro se fracturó el cuello al zambullirse en una playa y dar con la cabeza en el fondo. A partir de ese momento se convirtió, como él mismo decía, en una cabeza, si bien lucidísima, sin un cuerpo que le obedeciera. Sampedro, un gallego que había cruzado los mares como mecánico en un mercante noruego, que había recorrido cuarenta y nueve puertos de todo el mundo, se vio tetrapléjico, postrado en una cama por siempre jamás, sin poder moverse. Fue entonces cuando comenzó a soñar en la libertad a través de la muerte.
De mil maneras quiso morir, pidió morir, exigió morir Ni su padre, ni su madre, ni sus amigos próximos o lejanos, fueron capaces de complacerle, no pudieron concederle tal petición. Sampedro llevó entonces el asunto a los tribunales pidiendo una muerte digna; ningún juez le escuchó, ninguno dictó sentencia. Llegó hasta el Tribunal de Derechos Humanos de Estraburgo, y lo único que consiguió fue un gran debate sobre la eutanasia.
Finalmente, treinta años después de tan dura batalla, una mano amiga, desconocida, secreta para todos para eludir la cárcel, le ayudó en su ansiado objetivo. A lo largo de tantos años, Sampedro dejó su testimonio en imágenes y en palabras. Este libro, del que ha bebido el director de la película Mar adentro, Alejandro Amenábar, que aprendieron de memoria actores y técnicos, y que ha hecho vibrar de emoción a varios millones de espectadores, es el legado de amor de Ramón Sampedro.
“No se le puede dar más apoyo, más respeto, amor, cariño y calor humano solidario a nadie. Es decir, no se puede hacer nada más de lo que todos vosotros hicisteis por mí.
Pero lo que no le podemos dar a nadie, por mucho que queramos, es la esperanza. Esa sólo nace en el fondo de nosotros mismos. Yo perdí la mía el día en que me dijeron que no había nada más que hacer para curarme.
La vida tiene que tener un sentido. Y tiene sentido mientras esperamos algo...”
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Recomendado
para personas con fortaleza, entereza y sensibilidad.
La clave: El amor a la vida.
Lo mejor: La belleza del ser humano, que de vez en cuando aparece.
Lo peor: Que no dejen morir en paz. |
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