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Habemus Papam


Fotos de dos días históricos 14-02-2005


La última visita del Papa a España


Fue en mayo del 2003. Juan Pablo II dijo que surgirán nuevos frutos de santidad "si la familia sabe permanecer unida" y pidió al pueblo español que no rompa con sus raíces cristianas, porque sólo así será capaz de "aportar al mundo y a Europa la riqueza cultural" de su historia.

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Durante su homilía en la ceremonia de canonización de Pedro Poveda, José María Rubio, Genoveva Torres, Maravillas de Jesús y Angela de la Cruz, el Papa invitó a los asistentes -en torno a un millón de personas- a pedir con él "que en esta tierra sigan floreciendo nuevos santos. Surgirán -dijo- otros frutos de santidad si las comunidades eclesiales mantienen su fidelidad al Evangelio".

Se trataba del 99 viaje fuera de Italia en sus entonces casi 25 años de pontificado. Precisamente, pocos días antes se convertía en el cuarto Pontífice más longevo de la historia de la Iglesia y en la víspera de cumplir 83 años.




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"Los nuevos Santos -agregó el Pontífice- tienen rostros muy concretos y su historia es bien conocida. ¿Cual es su mensaje?. Sus obras, que admiramos y por las que damos gracias a Dios, no se deben a sus fuerzas o a la sabiduría humana, sino a la acción misteriosa del Espíritu Santo, que ha suscitado en ellos una adhesión inquebrantable a Cristo crucificado y resucitado y el propósito de imitarlo. Queridos fieles católicos de España: ¡dejaos interpelar por estos maravillosos ejemplos!".

Junto a las personas que llenaban las calles que desembocan en la Plaza de Colón, formando una cruz para dejar en el centro el estrado con el altar, se concentraban en la plaza en las distintas tribunas y en torno al Santo Padre, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco, y los cardenales y prelados españoles, junto con el séquito papal y otros prelados de todo el mundo, así como los familiares y miembros de las familias religiosas de los nuevos Santos.


Gracias por condenar el terrorismo
Antonio María Rouco, al comienzo de la celebración litúrgica, agradeció al Papa su venida por quinta vez a España, "por el servicio de confirmarnos en la fe", por su "delicadeza exquisita de padre y pastor de nuestras almas" y por la defensa del derecho a la vida frente a cualquier agresión, "especialmente la terrorista". "¡Queremos -dijo el cardenal- ser testigos humildes y valientes del Evangelio de Jesucristo Resucitado, nuestro Señor y Salvador!, ¡Gracias desde lo más hondo del alma por haber venido de nuevo a España, por el servicio de confirmarnos en la fe, de fortalecernos en la comunión eclesial, de enviarnos a evangelizar a los que más lo necesitan en el alma y en el cuerpo".

A nuestra gratitud, agregó Rouco, "se suman con fina y cálida cortesía Sus Majestades los Reyes de España y la Real Familia, los representantes de las más altas instituciones del Estado... que quieren sintonizar con los sentimientos más nobles de todos sus ciudadanos y que ven en Vuestra Santidad el defensor más firme e inquebrantable del hombre".


Rouco agradecía al Papa su quinta visita y su defensa del derecho a la vida frente a cualquier agresión.
La ceremonia
La ceremonia propia de la canonización se inició con la entronización de las reliquias de los nuevos Santos, que portaron ante el altar familiares y miembros de las familias religiosas de los mismos, con la ofrenda de flores en agradecimiento a sus virtudes de la comunidad cristiana, y las palmas, símbolo cristiano de la victoria, y la bendición del Pontífice a los postuladores de las causas de beatificación.

Juan Pablo II, a petición del Cardenal Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el portugués José Saraiva, ordenó la inscripción de los cinco beatos en el catálogo de los Santos y que como tales sean invocados por todos los fieles cristianos.


Agradecimiento del Pontífice
Tras la comunión, que repartieron entre todos los asistentes mil quinientos sacerdotes, Juan Pablo II pronunció la alocución del "Regina Caeli", y agradeció a los Reyes de España y la Familia Real, al Gobierno y autoridades, la ayuda ofrecida para la realización de esta quinta visita a España.

El Papa expresó también su "particular gratitud" al Cardenal y Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, y a todos los demás obispos españoles, su invitación y acogida, así como a todos los que han trabajado en la organización del viaje.

Saludó también a los sacerdotes, religiosos y religiosas, jóvenes, familias, "hombres y mujeres de buena voluntad", a los que, dijo, "sois depositarios de una rica experiencia espiritual que debe ser capaz de dinamizar vuestra vitalidad cristiana, unida al gran amor a la Iglesia y al Sucesor de Pedro".


Juan Pablo II unió la España del pasado y del futuro, a través de un vínculo de evangelización y solidaridad
Un adiós con mensaje
Tras resaltar, fuera del mensaje previsto inicialmente, la "vocación de los católicos españoles a ser constructores de Europa y solidarios con el resto del mundo", el Papa dijo "España evangelizada y evangelizadora, ese es el camino. No descuidéis nunca esa misión que hizo noble a vuestro país en el pasado, que es el reto intrépido para el futuro".

Interrumpido por vítores, y gritos de ¡quédate!, Juan Pablo II dio las gracias a la juventud española por su participación en el encuentro de ayer y afirmó que habían demostrado que se "puede ser moderno y fiel a Jesucristo. Ellos son la gran esperanza del futuro de España y de la Europa cristiana. El futuro les pertenece. Adiós ciudad de Madrid, adiós España, ¡que Dios os bendiga!".

Mientras un grupo rociero entonaba la Salve que tanto recuerda el Papa desde que estuvo en el Rocío en un viaje anterior, Juan Pablo II se despidió de los Reyes, Juan Carlos y Sofía; del presidente del Gobierno, José María Aznar, y de su mujer, Ana Botella, de los presidentes del Congreso y del Senado, y demás autoridades civiles y religiosas participantes en la ceremonia.


El Papa se entrevistó con el entonces líder de la oposición, Zapatero, en la misma plaza de Colón.
Personalidades en el acto
En la ceremonia, en la plaza Colón de Madrid, que estaba presidida por cinco retratos gigantes de los beatos con la leyenda "seréis mis testigos", se encontraban los Reyes Juan Carlos y Sofía, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar; los Duques de Calabria y las hermanas del Rey, infantas Margarita y Pilar; y la Reina Fabiola de Bélgica.

Los ministros del gobierno popular, Javier Arenas, Miguel Arias, Ana Palacio, Federico Trillo, Rodrigo Rato, Pilar del Castillo, José María Michavila, Mariano Rajoy, Ana Pastor, Eduardo Zaplana y Angel Acebes, así como altos cargos y representantes de las instituciones civiles y militares del Estado.

Asistieron también Luisa Fernanda Rudí y Juan José Lucas, presidentes del Congreso y del Senado, respectivamente; portavoces de los Grupos Parlamentarios; el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica; el presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, el Fiscal General, Jesús Cardenal, y el presidente de la comunidad de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, junto con los presidentes de varias Comunidades y Parlamentos autónomos, y alcaldes de varias capitales españolas, entre ellos el de Madrid, José María Álvarez del Manzano.

El Santo Padre se entrevistó, en la misma plaza de Colón, con José Luis Rodríguez Zapatero, entonces líder del principal partido de la oposición y, en torno a las 13,00 horas, regresó a la Nunciatura donde descansó y almorzó con la curia española y cardenales y obispos de su séquito en este viaje, para posteriormente recibir a la Familia Real antes de emprender su regreso a Roma esa tarde.

El Papa hizo el trayecto de vuelta desde la plaza de Colón a Pío XII, donde se encuentra la Nunciatura, en "papamóvil" y, al igual que a la ida, fue aclamado por los miles de ciudadanos que estaban apostados a su paso.


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