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Strel había estado sufriendo de náuseas, diarrea, presión alta, insolación, mareos y delirios. Debido a su deteriorada salud, durante el último tramo de su carrera por el río más caudaloso del mundo Strel nadaba seis horas y descansaba el mismo lapso de tiempo. El viernes, Strel tuvo que ser sacado del río por su hijo Borut y otros miembros del equipo y tenía dificultades para mantenerse en pie. Su médico le ordenó que no nadara, pero él, obsesionado con llegar a la meta, insistió en completar los últimos kilómetros de noche para evitar el sol abrasador. "He tenido suficiente. Sólo quiero terminar e irme a casa", aseguró en su página web. Otras proezas El maratonista fluvial, de 52 años, y que dedicó su hazaña a la preservación de la selva amazónica, ya realizó otras proezas que parecían imposibles, como bajar el europeo Danubio (2.860 kilómetros) en 2000, el estadounidense Misisipi (3.865 km) en 2002 y 4.000 km del asiático Yang Tsé en 2004. En el Amazonas braceó escoltado por un equipo de unas veinte personas, distribuidas en tres embarcaciones con médicos, guías y hombres armados "para espantar a los animales grandes", según la prensa. Después de lograr su meta el sábado, el domingo volvió al Amazonas para recorrer los 10 kilómetros restantes de su viaje. Esta fue la prueba de natación fluvial más dura para Strel. Antes, en 2004, había recorrido 4.004 kilómetros del río chino Yangtze y 3.798 kilómetros del Mississippi estadounidense, en 2002. Además, en 2000 completó una maratón de 3.004 kilómetros en el Danubio.
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