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Berezovsky, que forjó su fortuna -calculada en más de 1.200 millones de euros-, a la sombra de la influencia que tuvo en Rusia antes de marcharse al exilio, dejó claro, en cualquier caso, que las elecciones no son un medio viable para garantizar el cambio democrático y que está en estrecho contacto con miembros de la elite política descontentos con Putin para organizar una conspiración. Tras divulgarse la polémica entrevista, el embajador ruso en Londres, Yury Fedotov, afirmó que el Reino Unido debería expulsar al multimillonario y el ministro de Exteriores pidió que se emprendieran acciones legales contra él. 'Los llamamientos al derrocamiento violento de los gobiernos de otros países son motivo para emprender medidas judiciales', dijo Serguéi Lavrov, al tiempo que la Fiscalía General de Rusia anunciaba que solicitaría su extradición y que abría una causa penal por 'preparar el derrocamiento del Poder Constitucional'.
En esa ocasión, el entonces titular británico de Exteriores, Jack Straw, le advirtió de que podía perder su estatus de refugiado. Ahora, el Gobierno de Tony Blair ha optado por una declaración inicial, difundida por su Embajada en Moscú, en la que asegura que estudiará atentamente las declaraciones del multimillonario, como después confirmó Scotland Yard. "Confiamos que todo aquel que viva, trabaje o visite Gran Bretaña, independientemente de su estatuto, respete las leyes británicas", señala el comunicado difundido por la delegación diplomática. En la entrevista en "The Guardian", Berezovsky afirma que no le preocupa cualquier amenaza para que se le retire su estatus de refugiado, tras el caso del ex espía ruso Alexander Litvinenko, asesinado en Londres el pasado año con una dosis de la sustancia radiactiva polonio 210". "Hoy la realidad es distinta por el caso Litvinenko", puntualiza. Boris Berezovsky, cuya extradición solicitó Rusia en 2003 por la presunta defraudación de casi dos millones de euros, fue uno de los empresarios y políticos más influyentes en la época del presidente Borís Yeltsin (1991-1999). El millonario, de 61 años, contribuyó también a la llegada al poder del sucesor de Yeltsin, Vladímir Putin, aunque más tarde cayó en desgracia tras convertirse en su acérrimo oponente. La figura de Berezovsky simboliza al grupo de oligarcas rusos con conexiones políticas con el Kremlin que amasaron elevadas fortunas tras el colapso de la Unión Soviética. El magnate llegó a ser propietario del 49 por ciento de las acciones de la televisión ORT, la cadena rusa de mayor audiencia, y en 1999 fue elegido miembro de la Duma (Parlamento ruso). Boris Berezovsky acabó huyendo de su país tras las elecciones presidenciales del año 2000 y, en el 2003, el Gobierno británico le concedió asilo político.
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