Seis años estuvo Alfredo Urdaci al frente del Telediario segunda
edición de la televisión pública al mismo tiempo
que dirigía los informativos del ente, llevándolos al
liderazgo permanente de audiencia. Pese a su ranking, las críticas
de la oposición, entonces el PSOE, fueron durísimas
al acusarle de manipulación, ocultación y tergiversación
de la información. Su nombre fue pronunciado sistemáticamente
en todos los mítines de Rodríguez Zapatero en la campaña
para las generales de 2004. Este libro, según palabras del
autor, es su derecho de réplica.
En septiembre de 1998 Alfredo Urdaci se sentó por primera vez
ante las cámaras para emitir el telediario, tras la marcha
de Ernesto Sáenz de Buruaga a Antena 3. En aquel momento, el
ambiente de TVE era desolador y "flotaba una sensación
de descomposición, de derribo". Dos años más
tarde, Urdaci fue nombrado director de informativos. A lo largo de
su andadura televisiva vivió momentos imponentes, como el atentado
a las Torres Gemelas, el desastre del Prestige, la guerra de Afganistán
y de Irak y el anuncio de la boda del Príncipe de Asturias
con la que era su subordinada, Letizia Ortiz.
De ella cuenta en su libro: "...llegó a TVE en el verano
de 2000. Un realizador de telediarios, José Luis Hernández,
amigo de Jesús Ortiz, el padre de Letizia, me trajo un día
un currículo de una chica joven que entonces trabajaba en
Canal + en un horario muy poco atractivo. Quería cambiar
y buscaba nuevos horizontes para su vida profesional. No se presentó
ella, como hacen muchas otras aspirantes a un puesto en La Primera,
sino que prefirió la vía más discreta de un
amigo de su padre para hacernos llegar el resumen de su experiencia
profesional".
Días de ruido y furia no es un libro bien escrito, ni mucho
menos, pero eso es lo que menos importa, se supone, para el autor
porque podría haberlo corregido más y mejor. El meollo
del libro es el cotilleo de muchas de las decisiones que se tomaron
en aquella época, por ejemplo, respecto al programa de Fernando
Sánchez Dragó, Negro sobre blanco. "Ya estaba
bien de talante, había que apartar de la casa a un escritor
que se declaraba aznarista y que hacía un programa de libros
al margen de los intereses comerciales de las grandes editoriales.
En su lugar nos pusieron a Javier Rioyo, un delegado del grupo Prisa
y, por tanto, fiel a las estrategias de ventas de las editoriales
de Polanco", confiesa Urdaci. Así mismo, el que fuera
director de informativos rinde cuentas de su controvertida carrera,
cuya neutralidad sólo él reivindica. También
mezcla chascarrillos y anécdotas. Y entre estas últimas,
la sucedida con Cristina García Ramos, presentadora del programa
Corazón, corazón.
En 2001, la Universidad de Navarra pidió a Urdaci que prestara
su imagen para una campaña de promoción de la Facultad
de Ciencias de la Comunicación, a lo que éste accedió
encantado, gratis total, pues aquella había sido su casa
durante cinco años. Las críticas no se hicieron esperar
y le acusaron de haberse convertido en el defensor más ultra
de la enseñanza privada. Coincidiendo con García Ramos
en un programa solidario, ésta, al término del programa
se acercó y "me dio un fuerte abrazo. "Esta campaña
es una profunda injusticia", me dijo. Ella lo sabía
muy bien, porque en aquel tiempo tenía un contrato con unos
grandes almacenes y una marca de joyas para prestar su imagen en
campañas de publicidad. Era un ingreso honesto y transparente
y nadie se metió con ella, pero en aquella cacería
uno se podía temer cualquier cosa".
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Recomendado para quienes se sientan seducidos
por el personaje o gusten de los libros de memorias.
La clave: La versión del interesado.
Lo mejor: Descubre cosillas...
Lo peor: Para él, las elecciones
del 14 M. |
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