Ana María Shua, nacida en Buenos Aires en 1951, es maestra
del dificilísimo arte del cuento brevísimo. Si ya el
cuento breve plantea problemas, ¿cómo abordar, por ejemplo,
un cuento de tres palabras? Pero no sólo de cuentos vive Shua,
también es autora de novelas premiadas y una llevada al cine,
Los amores de Laurita, de poemas, reunidos en El sol y yo, y también
ha cosechado varios premios nacionales e internacionales por su producción
infantil y juvenil.
Todo tiene su pro y su contra. Ser argentino, también. Pero
Argentina es la tierra inefable de narradores, de contadores de cuentos
de alto voltaje, de relatos grandes, de microrrelatos, de poemas en
prosa y de prosa poética; Argentina es la tierra de Borges,
de Cortázar, de Bioy Casares... y de Ana María Shua.
Y esta autora, creadora experta, artista de la palabra, sabe que
al cuento hay que dejarlo a su libre albedrío porque desde
la primera frase establece unas leyes que luego no puede contradecir.
No existen fórmulas mágicas para crear buenos relatos
pero "un escritor debe ser un vampiro de la vida y tener los
colmillos en las orejas". El cuento es una maravilla infinita,
es el rostro irreal de Dios, inexplicable como el futuro; el cuento
contiene, para su creador, momentos estelares de los que en ocasiones
goza la poesía.
Dice Shua que en un cuento de tres palabras como: "Maremoto
busca profeta", se debe entender "que el lector tiene
un conocimiento previo de las relaciones complejas y profundas entre
los profetas y las catástrofes naturales". De lo que
se deduce que el lector de cuentos si no culto, ha debido leer la
Biblia. A veces, confiesa la escritora argentina, "se trabaja
con la materialidad misma del texto, como en esta ínfima
historia: "Huyamos, los cazadores de letras están aq...".
Este género tiene una inclinación hacia lo fantástico
y lo cotidiano en una sola trama. Tiene sus especialistas, sus expertos,
y han nacido allí, en Argentina: Borges, Cortázar,
Bioy... Temporada de fantasmas nos acercará a los
Misterios de la ficción, nos hablará De la vida real
y del Capricho divino, también de las Enfermedades, que con
el dolor y la muerte tan recurrentes son en la historia de la literatura.
Conoceremos Otros pueblos, otros mitos y lograremos Dormir, soñar,
mientras abarcamos El desorden sobrenatural de las cosas.
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Recomendado para lectores afectos a los
pequeños universos.
La clave: Minimalista.
Lo mejor: Belleza y precisión.
Lo peor: No existe en estas páginas.
Son hermosas. |
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