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El Consistorio gasta 12.600 euros en 21 entierros de sin techo e inmigrantes


Ciertas noticias se leen, conmueven un momento y nunca más se reflexiona sobre ellas. Y eso que afecta directamente a la vida de personas. ¿Ha pensado usted que ocurrirá con los tres cuerpos sin vida que han sido recuperados por pesqueros en la zona de San José en los últimos ocho días?



Se trata, probablemente, de inmigrantes que naufragaron en una patera cuando intentaban alcanzar su sueño -representado en la costa almeriense- y que difícilmente serán identificados por el efecto del mar en su piel. Partiendo de esa premisa y de la mala situación económica por la que se pasa en países como Argelia o Marruecos, también será complicado que su familia pudiera repatriar su cuerpo con ellos.

Con ese panorama, la única solución es enterrarlos en un cementerio público -en este caso del Ayuntamiento de Níjar- con una placa con sus iniciales o una simple 'D' que simboliza 'desconocido'. Es sólo, aunque no el menos trágico, uno de los ejemplos de los entierros que tienen que hacer frente los ayuntamientos. En el caso de Almería capital, el Consistorio ha gastado entre 2006 y lo que va de 2007 hasta 12.600 euros en los sepelios de 21 personas.

Son inmigrantes o sin techo, tienen familia o no, pero están unidos por un denominador común: Su soledad o su falta de recursos los termina llevando a un nicho -siempre el más alto de las filas del cementerio- al que en poca o ninguna ocasión nadie va a depositar flores.

La concejal responsable del área de Salud y Consumo del Ayuntamiento de Almería, Rafaela Abad, detalló que siempre se tiene conocimiento de la situación a través del auto de un juez. «La mayoría de los extranjeros que pueden hacerlo están optando por la repatriación de los cadáveres» así que los entierros a los que tienen que hacer frente «son de personas que no tienen medios, familia o se encuentran en una situación precaria».

Es el juez el que emite una orden por la que se 'obliga' a los servicios municipales a dar sepultura a cada persona después de haber esperado el tiempo necesario para tratar de identificarla y de ponerse en contacto con los familiares del fallecido. «Se puede identificar o a veces no -señala Abad- pero sea como sea se entierra en los nichos más altos por un periodo de cinco años y después sus restos pasan al osario general».

La elección del lugar de estas tumbas responde a criterios económicos. Son los más baratos y los que menos se requiere por parte de los familiares del difunto, por norma general, por lo complicado que resulta acceder a ellos. Nada tiene tampoco que ver lo que la ceremonia de la muerte le cuesta a la clase media de lo que se invierte en este caso. Al no tener velatorio ni preferencias de lápidas, flores o modelos de cajas fúnebres el coste global se queda en poco menos de 600 euros.

Fuentes del cementerio de San José consultadas por este periódico alabaron que al menos ahora estas personas cuenten con una sepultura propia ya que años atrás siempre iban a parar a una fosa común. Así, comentan, si la familia desea o puede en algún momento venir a rendir homenaje a esa persona puede hacerlo. Acercarse hasta el camposanto a observar esta realidad da para mucho en cuanto a reflexión. Detrás de una masa de cemento -arriba en la fotografía- se encuentra la historia de un varón al que no se logró identificar. En los archivos del lugar sí se tiene constancia, al menos, de la fecha del fallecimiento y las circunstancias que lo rodean para tratar de ayudar a quien reclamara información.

En los meses que pasan de 2007 se ha dado sepultura a dos hombres que no pudieron ser identificados, además de a una mujer sudafricana y a un ciudadano alemán que murió en la capital. Cada uno tenía una historia atrás de sueños inalcanzados, familias en puntos lejanos de otros países o de vida en la calle al igual que los tres españoles sin medios que perecieron en 2006 junto a otras 14 personas extranjeras o sin identificar que se sumaron a la lista de 'sepelios municipales'.

Cuando se habla de la muerte de inmigrantes como consecuencia del naufragio de pateras se tiene también en cuenta que el Gobierno central cuenta con fondos que pueden ser reclamados por los ayuntamientos para hacerse cargo de este triste gasto. Pero en el caso de la capital no se está reclamando ese dinero. «No son tantos casos y los que vienen los podemos ir afrontando con el presupuesto actual», señala Abad.

Hasta el momento no ha habido frente a la costa almeriense un naufragio de patera con decenas de fallecidos como en otros puntos del país. En el cementerio de Tarifa, por ejemplo, reposan los restos sin identificar de 25 inmigrantes mientras que en el resto del país los cadáveres sin nombre suman 328.

Esta cifra -hasta mayo de 2007- es la estimación más fiable basada en los datos de la Guardia Civil, porque en realidad no hay ningún registro oficial que contabilice los sin papeles muertos. Los funcionarios del programa de identificación de cadáveres Fénix de la Guardia Civil, puesto en marcha en 1988.

Desde entonces, han pasado por sus laboratorios cada uno de los inmigrantes muertos hallados en playas o en alta mar. Exactamente 150 cuerpos: 73 cadáveres recogidos en Cádiz, tres en Almería y 74 en las Islas Canarias.

El número aumenta día a día -ya se puede sumar a seis inmigrantes hallados en la costa almeriense entre los meses de septiembre y octubre- y se trata de cotejar su ADN, una tarea nada fácil, para recuperar su identidad. La placa de la lápida en este caso llevaría su nombre y dejaría de ser un nicho sin una sola referencia entre los miles de sepulcros llenos de flores y recuerdos.

Terra Actualidad - VMT

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