La dirección de ERC busca filtros para evitar la entrada de más críticos
La dirección de ERC ganó el pasado octubre una batalla al imponer sus tesis en la Conferencia Nacional del partido, pero es muy consciente de que la guerra sigue abierta. Dado el historial del partido, su carácter asambleario y el 43 por ciento de apoyos cosechado por el sector crítico en defensa de renegociar el acuerdo tripartito, la ejecutiva ha decidido conjurarse contra las disidencias para evitar seguir la estela de sus antecesores, que acostumbraban a ir de victoria en victoria hasta la derrota final en el congreso de turno.
Al tandem integrado por Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Puigcercós le toca examinarse en verano de 2008, y para evitar sorpresas ya han empezado a establecer filtros a la entrada de 'disidentes'. El caso más sonado es el del profesor de Derecho Constitucional Héctor López Bofill, que solicitó el alta de militancia en agosto y debe recibir respuesta de la Ejecutiva republicana hoy o el lunes de la próxima semana. Todo parece indicar que la Ejecutiva rechazará la petición del jurista, líder junto a Uriel Bertran de la corriente crítica Esquerra Independentista, puesto que cuentan con 'peticiones de no aceptación' de militantes del partido por las opiniones de López Bofill en los medios de comunicación, según fuentes de la propia ejecutiva. Es decir, ya tienen la 'excusa' para rechazar al jurista con más proyección pública en el ámbito independentista, al que hasta hace poco se consideraba como el 'experto de cabecera' republicano en materia de Derecho Constitucional.
No es el único caso, ya que otro tanto ha sucedido con un histórico militante republicano, Josep Pinyol, que en 2000 abandonó el partido tras presentar una ponencia alternativa a la de la dirección en la Conferencia Nacional de ERC de ese año. En este caso, la 'candidatura a militante' ha sido rechazada por las peticiones de otros militantes que presentaron pruebas de que Pinyol había 'hecho campaña contra ERC', según la dirección del partido. Josep Pinyol -que fue avalado por el portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà- no ha tardado en mostrar su indignación ya que, según explica, la no admisión a trámite de su solicitud 'no está motivada', de manera que no se pueden saber las razones que han llevado a la dirección del partido a vetar su entrada. Paralelamente a la batalla por controlar las nuevas incorporaciones, la dirección republicana está volcada en la confección de las listas a las elecciones generales del próximo mes de marzo. Un proceso que las bases asamblearias del partido han convertido en otro pulso al sector oficial.
Así, en Lleida Antoni Bertran se ha impuesto al candidato próximo a la dirección local, Jordi Ramon, mientras en Tarragona Jaume Renyer se ha impuesto a la oficialista Rosa Rossell. Unos términos que hay que asumir con precaución, advierten desde la dirección nacional del partido, puesto que no en vano Renyer es un hombre de la máxima confianza del presidente del partido, Josep Lluís Carod-Rovira, al que acompañó en su entrevista con la cúpula de ETA en Perpiñán.
En ambos casos, desde la ejecutiva destacan que se trata de la preselección comarcal de candidatos, que deberá ser revisada por la Comisión Electoral cuando todas las comarcas catalanas hayan hecho sus propuestas. Y recuerdan que, en el caso de Tarragona, Ernest Benach y Josep Bargalló, los dos hombres fuertes del partido en esta provincia, han apostado por el senador y miembro de la Ejecutiva Salvador Aragonés, que también fue elegido en su comarca, el Baix Camp.
Sin embargo, lo cierto es que Renyer ha iniciado una campaña para conseguir el apoyo de la militancia del partido, de forma que sean las bases quienes decidan cuál de los cinco candidatos propuestos por las asambleas comarcales encabezará la lista, algo que ahora está en manos de la Comisión Electoral. Renyer consideró que debería ser la militancia quien -mediante un congreso regional- escogiera 'de manera democrática, participativa y directa' al cabeza de lista por Tarragona.