Elena Mangas es a sus once años una experta sobre el hielo. Patina desde hace cinco y ya se ha proclamado cuarta en el campeonato de España. Ayer llegó a Bilbao para participar junto a otra docena de compañeros del club donostiarra Txuri Berri en una exhibición con motivo de la apertura de la pista de patinaje que el Ayuntamiento ha instalado bajo el puente Euskalduna. El recinto, al que puede acceder todo el público, se mantendrá en funcionamiento hasta el 6 de enero.
La pista, de 20 por 30 metros, abrió sus puertas a primera hora de la mañana. 'Acudieron unas cincuenta personas', aseguraron desde la organización. Pero no fue hasta las seis de la tarde cuando las instalaciones se quedaron pequeñas. Multitud de aficionados y curiosos atraídos por la música de los altavoces se congregaron alrededor del hielo para disfrutar de la muestra a cargo de los jóvenes profesionales. El veredicto, pese a que no había jueces, no dejaba lugar a dudas. 'Da gusto verlos', coincidía la mayoría de los asistentes. Después de admirar los movimientos imposibles que realizaron los patinadores, que desataron los aplausos del respetable, llegó la hora de demostrar lo que sabía hacer cada uno. Lo importante era pasar un buen rato y más de un valiente lo dejó claro poniendo a prueba la resistencia de su trasero.
Mónica Ruiz y Natalia Pérez hacían cola para sacar su entrada. El precio es de siete euros por 45 minutos, aunque los socios de Bilbao Kirolak tienen un descuento de tres euros. No era la primera vez que estas dos bilbaínas de 17 años se ponían unos patines. 'Hemos ido más veces a Vitoria y aquí nos apuntamos cada Navidad', reconocían. Todavía no hacen piruetas ni saltos. Eso sí, ganas de aprender no les faltan. A tan sólo dos metros, Blanca Calle, vecina de Deusto, se preparaba para calzarse las cuchillas sin quitar ojo a Unai, María, Andrea y Anastasia. Los cuatro pequeños, de entre 5 y 9 años, recibían ayer su bautismo de hielo. 'No nos da miedo', apuntaban. Su escuela han sido los patines de ruedas y saben muy bien cuál es la mecánica. '¿Ama, que hay que ponerse doble calcetín!', le advertía Unai, que estaba deseando salir a la pista.
Una vez dentro del recinto, la variedad de estilos quedaba patente. Desde los que no soltaban la barrera por si acaso, hasta los que se armaban de valor y se lanzaban al centro de la pista. Estos últimos, cómo no podía ser de otra forma, eran los más pequeños. 'Es que ellos se caen y no se rompen nada', comentaban Maribel y Nieves. Ambas decidieron vigilar desde fuera a sus hijas. 'Nunca habían patinado sobre hielo y necesitan que las animemos', se justificaban. Lo cierto es que por muchos golpes que se daban, no perdían la sonrisa.
Otros, como Loli Sota y José María Casas eran ya unos expertos. Para sorpresa de muchos, esta pareja bilbaína acudió con sus propios patines. 'Llevamos practicando unos 35 años. Antes íbamos a Artxanda y a Portugalete, hasta que cerraron, y ahora cuando nos apetece cogemos el coche y nos vamos a Vitoria', revelan. Ambos criticaron el alto precio de la pista y aprovecharon para demandar un recito de patinaje permanente en la capital vizcaína. Félix Añibarro y su hija, Irantzu, de 10 años, observan desde la barrera cómo patinan Loli y José María mientras terminan de decidirse. 'Hace mucho tiempo que no patino y me da vergüenza. La cuestión es quién entra primero de los dos', susurraba el padre. El acceso a la pista era un ir y venir de gente. Como decía más de uno: 'Todo es ponerse'.