Altas y rubias. Así han sido la mayor parte de las mujeres que han ocupado un lugar en el corazón del Príncipe. Don Felipe, que desde su juventud se descubrió como un gran conquistador y que en los últimos años fue considerado el soltero de oro de la realeza europea, ha tenido una vida amorosa prolífica, al menos a ojos de la prensa, que le ha atribuido numerosos y sonados romances.
Isabel Sartorius fue su gran amor de juventud. Se conocieron en junio de 1989 en una conferencia en Madrid y aquel mismo verano se dejaron ver juntos en Mallorca. Era perfecta: licenciada en Ciencias Políticas, políglota, católica e hija de un noble, el Marqués de Mariño. La sociedad estaba entusiasmada con el noviazgo y la prensa elogiaba a Isabel.
Pero la juventud de Don Felipe, la oposición de los monárquicos más ortodoxos, que no aceptaban que la candidata fuese hija de padres divorciados, y el exhaustivo seguimiento de la prensa del corazón a Isabel dieron al traste con la relación a finales de 1991.
Gigi Howard se cruzó en el camino del Príncipe cuando éste estudiaba en la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos. La joven, modelo y estudiante, era amiga de la hermana de Marie Chantal Miller, en aquel tiempo novia –y ahora esposa- del primo de Don Felipe, Pablo de Grecia. Al parecer, el Príncipe y su nueva amiga se veían los fines de semana en Nueva York, donde residía ella. Poco se supo de esta chica alta (1,80 cm), esbelta y de buena familia. Apenas unas fotos de la pareja por Manhattan fueron testimonio de su relación, que se disolvió poco después de que el heredero regresase a España tras graduarse.
Eva Sannum, la exuberante noruega que acaparó portadas, fue, tal vez, su relación más larga y controvertida. Se conocieron en una fiesta privada en Madrid en 1997. Los presentó Haakon de Noruega, de visita en la capital con su entonces novia Katherine Knudsen, también modelo, que estaba en Madrid con su compañera (Eva Sannum). Sus contactos se enfriaron en 1998, pero se retomaron con fuerza en 1999. En ese último verano hicieron un viaje con un grupo de amigos a la India y, en otoño, Felipe de Borbón fue a visitarla a Oslo por primera vez. La noticia de su noviazgo cobró fuerza en 2001, cuando se publicaron en la revista ‘Hola’ unas fotos de la pareja en la estación de esquí de Saint Moritz.
La confirmación llegó durante la boda de Haakon de Noruega con Mette-Marit en agosto de ese año. Acudieron por separado al enlace, pero se dejaron ver juntos. Saltaron las alarmas. Eva no fue bien acogida en España. Los monárquicos le reprochaban su pasado como modelo de lencería, su escasa formación académica y su origen humilde. Su actitud poco simpática con la prensa española tampoco le hizo ganar adeptos. Consciente de que un compromiso oficial con Eva Sannum levantaría ampollas, Don Felipe puso fin a su relación con la modelo noruega en 2002.
Don Felipe tenía entonces 34 años y la posibilidad de un pronto matrimonio era remota. La continuidad de la Monarquía pasaba por la boda del heredero, pero el Príncipe no estaba dispuesto a un matrimonio por compromiso. Además, las princesas europeas estaban ya en su mayor parte casadas o prometidas. Atrás quedaba Tatiana de Liechtenstein, a quienes muchos apuntaban como la candidata ideal para el trono de España, o las jovencísimas y bellas Magdalena y Victoria de Suecia. Incluso se habló de su prima Victoria de Borbón Dos Sicilias, hija de los Duques de Calabria.
A principios de 2003, otro nombre salía a la palestra: Diana Martínez-Bordiu Aznar, joven estudiante de Interpretación que se vio sorprendida por la atención de la prensa y acabó poniendo tierra de por medio para dejar de ser vinculada al Príncipe.
Pero Don Felipe confiaba en encontrar a su alma gemela y tenía claro que se casaría por amor. Éste no tardó en llegar: era alta, rubia, guapa, inteligente y moderna. Y presentaba el Telediario.