La libertad del compromiso. Cambiar tu vida para cambiar el mundo
es la crónica de gente corriente que un día abandona
una vida cómoda como estudiante universitario, un trabajo bien
remunerado como maestro, una carrera prometedora como abogado y, tras
pensárselo mucho, marchan a un país paupérrimo
para intentar ser útiles a los demás.
Hernán Zin nació en Buenos Aires en 1971 y terminó
la licenciatura en Relaciones Internacional. Pero el rumbo de su vida
cambió en Calcuta, en 1995, cuando entrevistó a la Madre
Teresa, que acababa de superar una nueva crisis de salud. En aquella
ciudad permaneció durante tres años donde colaboró
en un hogar para enfermos terminales. "Me parecía lo más
normal vivir al día, sin preocuparme por el futuro. Hacer únicamente
lo que creía correcto, sin responder de forma alguna a los
condicionantes de la cultura en que me había criado",
dice.
Desde 1998 Zin vive en Madrid, donde ha fundado la filial española
de Acción por la Infancia, y aunque sigue colaborando en
prensa escrita, radio y televisión y ha publicado varios
libros siempre con afán solidario y como campaña de
sensibilización hacía los países más
desfavorecidos, su labor primordial está relacionada con
la solidaridad y la labor a favor de un mundo más justo.
En julio de 2002 viajó a Camboya para abrir junto a la ONG
Global Humanitaria un hogar para niños víctimas del
turismo sexual. Al tiempo, puso en marcha un programa sobre la prostitución
infantil que dio como fruto la desarticulación de una red
de pederastas, algunos de ellos están hoy en prisión
a la espera de juicio.
La libertad del compromiso cuenta la historia de siete personas,
entre ellas, Urmi Basu, casada, de la alta sociedad bengalí,
fundadora de un refugio, New Light, "un nombre horrible, cursi,
había que registrar la ONG y fue lo primero que se nos ocurrió",
para niños de madres prostitutas donde pasan la noche y pueden
asistir a clase y hacer los deberes. José María Márquez,
corpulento, de barba larga y grandes manos, que a Zin le recordó
a Julio Cortázar, quien le presentó un proyecto para
Malawi: comprar una ambulancia para llevar a la gente de las aldeas
al hospital. José María trabajaba en un banco holandés,
donde ganaba un excelente sueldo.
David Earp era vendedor de ropa en Londres, hoy es director de
un hogar para niños discapacitados. Empezó su proyecto
con Anna y Sunnil, los dos primeros niños que conoció,
internados en un centro gestionado por curas católicos que
albergaba a cientos de personas con problemas mentales, y habían
recibido por parte de los religiosos un trato brutal y vejatorio.
Belén fue la mejor alumna del curso y obtuvo el título
de licenciada en Relaciones Internacionales pero ahora está
en Filipinas; Fabiola con su hija en el Tibet...
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Recomendado para todos aquellos que se
sienten comprometidos.
La clave: La entrega a los demás.
Lo mejor: Una forma de buscar la felicidad.
Lo peor: No siempre se cumplen objetivos. |
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