El autor de este libro de fotografías, Eddie Williams, es mensajero ciclista en la ciudad de Nueva York desde 1984, toda una vida. Empezó a fotografiar a sus colegas de trabajo con 23 años. Ahora, continúa el oficio con un aliciente: es mensajero fotográfico y dirige una galería en Brooklyn.
Circulan entre los coches a gran velocidad porque estos chicos, los bike messengers, pueden alcanzar los 33 kilómetros por hora, velocidad nada desdeñable cuando Manhattan está bloqueado y los coches circulan a 10 por hora. Este tipo de mensajería apareció en los años 60 y en un principio sólo transportaban las latas que contenían cintas de películas, lo que aquí llamamos “tortas”, y planos de arquitectos y diseños publicitarios.
Los años 80 fueron su edad de oro y para entonces ya realizaban servicios para todo tipo de comercios y de profesiones. Su rapidez era increíble porque en ocasiones se convertían en peatones y en ocasiones vehículos. En 1984 se contabilizaron alrededor de 15.000 ciclistas repartidores pero la llegada del fax y de internet destruyó mucho empleo y actualmente no pasarán de 3.000. Ganan unos 1.600 dólares mensuales.
Las fotografías de Williams detallan distintos tipo de bicicletas, los aparcamientos, el paisaje de la ciudad, el paisanaje bicicletero, espléndidos graffitti, grupos humanos increíbles, manifestación bicicletera contra la guerra de Irak, disputas, alguna que otra titi en bici con la originalidad a cuestas, rastas, negros guapísimos, chinos, hispanos.... Ellos han creado moda, marcan tendencias, son imitados por diseñadores de postín y son imprescindibles en el panorama neoyorquino.
Este libro es un producto original, curioso, porque ser mensajero en NY comporta una actitud vital y por ello revistas, periódicos, documentales, libros, han recogido sus rostros, sus anécdotas, sus formas de vestir, de expresarse. Las bolsas de lona cargadas a la espalda se han convertido en un símbolo universal que por ejemplo, en nuestro país, se utiliza masivamente sin conocer su procedencia.
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Recomendado
para los que siguen el american way of life.
La clave: Fotografías que desvelan la intimidad de la ciudad.
Lo mejor: El colorido de las imágenes.
Lo peor: Tal vez el formato apaisado, tipo cuadernillo. |
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