Loti, Mukitsu, Marmatxo o Wells son algunos de los caballos y de las yeguas que se pasean este verano por la plaza de toros de Tolosa, esperando a que algún amante de la hípica se suba a sus lomos en busca de una primera experiencia en el mundo de la equitación. Durante los meses de julio, agosto y septiembre serán sesenta los niños de Tolosaldea los que se habrán animado a tomar parte en estos cursillos de la Campaña Uda 2005, a cargo de los monitores Igor Otamendi y su socia Ainara Gozategi.
'Debido a las fechas en las que se desarrolla el cursillo, los participantes suelen ser en su mayoría niños de entre seis y doce años', explica Igor, responsable del curso, 'donde disfrutan durante dos semanas de mantener un primer contacto con estos animales, aunque después más de uno se anima a continuar su preparación en Lasarte-Oria'.
Este es el caso de Maialen Calvo, una niña de 11 años que comenzó en esta plaza de toros hace 3 años su iniciación en la práctica de la equitación. 'Los caballos me han gustado desde que era pequeña. Antes de comenzar con la campaña de verano ya había mantenido contacto con los ponis en el hipódromo, pero cuando hice este cursillo comencé a recibir clases en Lasarte, donde ahora entreno todos los días', explica la joven jinete, y añade que aunque ahora su caballo, que se llama Indio, está enfermo, debe entrenar con otros, porque no debe perder un segundo si un día desea cumplir uno de sus sueños de correr en un raid.
Para Maialen, es tal su pasión por los caballos que acude a diario a los cursillos de la plaza de toros para ayudar en las labores de cuadra y en los propios cursillos echando una mano a los niños, que como ella, un día comenzaron indecisos a cabalgar sobre estos equinos.
Las primeras clases
Según comenta Igor Otamendi, las primeras clases de este curso de verano consisten en cepillar al caballo o limpiarles los cascos. 'Cualquier excusa es buena para mantener una primera toma de contacto que sirva para ganar confianza mutua, y para que los niños pierdan el miedo inicial, porque después no será lo mismo verlo desde arriba que desde abajo', señala Igor. Y después, 'se trata de aprender a controlarlo, a pararlo e intentar no ir contraído sobre el caballo o nervioso, porque es una actitud que el animal nota enseguida y que se va a reflejar', señala el monitor.
'Estas primeras lecciones son cruciales para el alumno, porque van a marcar mucho su relación con los caballos. Si el niño disfruta desde el primer momento, después no va a tener ningún problema. Por ejemplo, si el caballo comienza a correr y el niño no se cae, esto hará que el alumno se supere y gane mucha confianza', explica el responsable del cursillo.
Y lo cierto es que estos cursillos y los caballos hacen las delicias de los pequeños cada año. 'Unos avanzan más que otros, porque nunca forzamos a nadie y cada uno va a su ritmo, pero la prueba está en que una vez acabada la clase de una hora, los niños se quedan en la plaza a contemplar a otros grupos y seguir en compañía de los equinos', dice Igor. Comenta que el último día del curso, los niños participan muy animados en los juegos que organizan, tradicionales, aunque aplicados a la equitación. Sin duda, la guinda perfecta para que estos chavales finalicen con buen sabor de boca su primera experiencia a los lomos de un caballo.
En otro sentido, comenta Igor que la relación que se establece entre las personas y los equinos puede llegar a ser muy especial.
'El contacto con los caballos -continúa Igor- se está promulgando cada vez más, porque se han demostrado sus efectos beneficiosos, por ejemplo, en el caso de niños algo retraídos, o incluso en personas con deficiencias psíquicas, porque son animales capaces de aportar un cariño que no tienes que razonar, al que estas personas se aferran con mucha facilidad. Sin duda', señala, 'una razón más para apreciar a estos animales'.