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Adiós al histórico taller de Tornillería


Con la desaparición del histórico taller de Tornillería de Unión Cerrajera, que durante los últimos 80 años ha formado parte del paisaje urbano e industrial de la villa, se extinguen para siempre los últimos vestigios de la intensa actividad fabril desplegada a lo largo del siglo XX en en Zaldibar. De la antigua 'madre' Cerrajera, fundada en aquel enclave en 1906, sólo quedan ya el característico edificio del reloj (catalogado como 'Bien Cultural con la categoría de Monumento' en 2004), un resto simbólico de pabellón hacia San Andrés y la Escuela de Aprendices, que a tenor de los últimos acuerdos municipales, no va a ser demolido. Los nuevos planes urbanísticos para Zaldibar pasan ahora por conservar este emblemático edificio, cuya construcción data de 1896. Según testimonios aportados por veteranos empleados de la Cerrajera, el edificio fue originalmente destinado a almacén, con la particularidad de que, tras la llegada del ferrocarril a Mondragón en 1918, el trazado de la vía férrea discurría por el interior del inmueble como si de un túnel se tratara. Este singular característica se debió de corregir para cuando de la mano de Ricardo Oreja nace la 'moderna' Escuela de Aprendices en 1939.



Catorce años antes, en 1925, de la mano del entonces gerente de la Cerrajera Toribio Aguirre, se había inaugurado el nuevo taller de tornillería ahora en derribo. En esta gran nave que combina hormigón y estructura metálica remachada se desarrolló durante 78 años -hasta octubre de 2003- la manufactura de tirafondos y tornillería para vía férrea y carriles, producción que la Unión Cerrajera desarrollaba desde 1912.

Los empleados más veteranos recuerdan cómo el trabajo la tornillería era poco menos que un 'destino de castigo' debido a la dureza de la condiciones de trabajo en aquel taller. Especial mención merecen los antiguos hornos verticales que tanto les hicieron sudar. Se trataba de un trabajo muy duro, en el que los operarios se afanaban durante todo el día, seis días a la semana, en sacar o meter varillas en el fuego, para una vez calentadas pasárselas al maquinista que en el 'machino' les sacaba la cabeza. Se fabricaban más de 2.000 tirafondos en cada relevo. Aquellas primitivas condiciones se mantuvieron hasta los años setenta.

Junto con esta histórica nave se derribarán también las dos naves auxiliares anexas construidas en los años sesenta.

Terra Actualidad - Vocento/VMT

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