El Diablo de Tijarafe, la lucha entre la luz y las tinieblas
Esta noche se celebra la tradicional verbena del Diablo en el municipio palmero de Tijarafe, como preludio del día grande de las fiestas en honor a la Virgen de Candelaria. 'Este acto es el más conocido y singular de estos festejos, y por el cual se conoce a las fiestas en sí', señaló Marcos Lorenzo, concejal de Patrimonio de la localidad.
Esta tradición data de las primeras décadas del siglo pasado, según los estudios realizados por el historiador José Luis García Francisco. La mecánica es sencilla y consiste en que un joven tijarafero, ataviado con una carcasa en forma de demonio en la que van instalados fuegos de artificio, sale en mitad de una verbena popular y baila durante unos veinte minutos.
El armazón en cuestión va quemándose por partes, primero la cola, luego el tronco, las manos, el tridente y los hombros para finalizar con la cabeza. Este es el momento más importante de la noche y culmina con una gran explosión. La quema de la carcasa se ejecuta a través de detonadores eléctricos.
En este acto se extreman las medidas de seguridad. A la figura del Diablo le acompañan unas treinta personas, que evitan que la gente se aproxime demasiado y lo derriben, ya que todo está preparado para que los fuegos artificiales salgan de forma erguida. En cuanto a los elementos de seguridad pasiva, la persona va protegida por un traje de amianto que le cubre hasta el pecho. Además, lleva un casco y una botella de oxígeno. De igual forma, el cascarón es ignífugo.