Cultura

Desequilibrios
Luis Antonio de Villena

Estilo: Poesía
Páginas: 60
Editorial: Visor
ISBN: 8475225470


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Luis Antonio de Villena nació en Madrid en 1951 y publicó su primer libro de poemas a los veinte años. Diez años más tarde recibió el Premio de la Crítica de 1981 por su poemario Huir del invierno.Biografías, novelas, relatos, antología, traducciones y ediciones críticas cuentan en su haber. A Villena no se le resiste nada.


Dice el autor que “Desequilibrios soy yo siempre. ¿Por qué no decirlo? Entre sublimidades, muertes y precipicios soy yo –únicamente yo- el protagonista de todos estos sonetos, desasosegados, lunares, nocturnos y como su ejecutor, siempre discípulos de Hermes: dios, hermano, mi tahúr predilecto...”.

Así pues, Villena nos dedica cincuenta y un poemas que él ha llamado falsos sonetos verdaderos, atendiendo todos a los preceptivos catorce versos endecasílabos, de los que los ocho primeros constituyen dos cuartetos y los seis restantes, dos tercetos que suelen ir encadenados o con estrambote.

El soneto es la estrofa más prestigiosa de nuestra literatura, y fue importada de Italia, en el siglo XV, por el Marqués de Santillana, los “sonetos fechos al itálico modo”. Los más espectaculares fueron compuestos por Garcilaso, Lope, Góngora y Quevedo. Y dicen que en nuestros tiempos, Sabina se lleva la palma.

Estos Desequilibrios son irregulares, buscan sonoridades y modos nuevos, pues ya se sabe, la poesía es también música. He aquí uno de ellos, Reflexión sobre Iker Casillas:

“Es la perfección de su perfil, sobre todo –dijo
Para mí (respondió el otro) es la plenitud muscular.
Joven, fuerte, rotundo, vive en el dulce equilibrio
del estupor del roble y una tiranía de pétalos de oro...

Por lo demás es espléndido en su oficio. El mejor
portero del fútbol actual. Atinado y ágil. Bajo el larguero
hay tarde que sus músculos tan firmes crecen como aves
de ligereza sorprendente y núbil. Príncipe de piedra y viento.

La belleza es un canon cultural –exigente. Que repite
modelos perfectos desde Fidias o Praxiteles. Perfectos. Pero es
también la belleza la cualidad esplendente de lo transitorio.

Sin fungibilidad, sin lo efímero, no existiría la belleza.
Y así este Iker de ahora mismo (exacto número áureo)
brilla y mucho nos arde pues lo conocemos irremediablemente caedizo.”




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Recomendado para almas arriesgadas a la par que sutiles.
La clave: El soneto.
Lo mejor: La búsqueda de formas nuevas.
Lo peor: Sólo 51 sonetos.

Lola Canales

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