| El físico Leonardo Vetra aparece asesinado en su habitación del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear, sito en Ginebra. El director general del organismo, Maximilian Kohler, reclama la presencia de Robert Langdon como experto en simbología religiosa: el cadaver del científico tiene una terrible quemadura en el pecho, hecha sin duda con un hierro candente, donde le ha sido grabada a fuego una terrible palabra: Illuminati. La grafía está lograda de tal manera que se convierte en un ambigrama, es decir, puede leerse igualmente del revés o dándole la vuelta.
Dan Brown no necesita preocuparse excesivamente de la calidad literaria de su novela, no es ese el principal objetivo. Echa toda la carne en el asador en una trama complicada que se sigue con facilidad, con unos personajes planos que no presentan matices y no plantean problemas, y un asunto inquietante ciertamente, muy verosímil y apoyado en datos ciertos. La intriga de esta novela va in crescendo y avanza en zigzag e irá desvelando secretos muy bien guardados durante muchos años.
Brown, interesado personalmente en la confrontación de la ciencia con la religión se mueve como pez en el agua en esta historia que remueve los cimientos del Vaticano. El protagonista, Langdon, acompañado por Vittoria, hija del físico asesinado, pondrá en tensión todos sus conocimientos para descifrar las claves ocultas, las marcas escritas que van apareciendo, las pistas (la Mona Lisa de Da Vinci, los Lirios acuáticos de Monet, el David de Miguel Angel La tumba de Santi de Rafael...) y los rincones más secretos de la residencia papal, con el fin de destruir a Jano y con él a la legendaria hermandad de los Illuminati.
Illuminati fueron, entre otros, Copérnico y Galileo, cuyas teorías abrieron una profunda brecha entre ciencia y religión. Algunos de los científicos de la época fueron asesinados o condenados a la hoguera, poco le faltó a Galileo; entonces pasaron a la clandestinidad. El juicio y posterior encarcelamiento de Galileo provocó una escisión. La Iglesia comenzó a perseguirles y... la venganza de los Illuminati se puso en marcha. Aún está por llegar...
|