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Barcelona aprueba la ordenanza de Civismo en medio del choque abierto entre Portabella y Mayol


Con el tripartito municipal en su momento más bajo de los últimos años, sacudido por una grave crisis de relación entre sus integrantes, el pleno del Ayuntamiento de Barcelona aprobó ayer la Ordenanza de medidas para fomentar y garantizar la convivencia ciudadana en el espacio público, más conocida como ordenanza de Civismo. Ésta entrará en vigor a mediados de enero, cuando se confía que el Boletín Oficial de la Provincia la pueda publicar.



Como se había anunciado, la normativa salió adelante con los votos favorables del PSC, CiU y ERC, la abstención del PP y el voto negativo de ICV. El malestar por el posicionamiento contrario del grupo que preside Imma Mayol se hizo evidente durante la sesión, especialmente en la relación con ERC, cuyo jefe de filas, Jordi Portabella, se ensarzó en un educado pero envenenado debate con su colega de ICV. Con Clos en un papel más contemporizador, el cruce dialéctico entre Mayol y Portabella fue quizás el único momento de verdadera tensión de un debate que, probablemente por su trascendencia, transcurrió a una altura no demasiado habitual en los plenos municipales.

Si tras la reunión de la comisión de seguimiento del pacto tripartito -convocado de urgencia el día anterior para intentar reconducir la crisis- PSC y ERC dijeron abrir un periodo de reflexión, ayer ya se pudo constatar que la reflexión no irá acompañada de sosiego. La intención de ERC de cobrarse el apoyo a la ordenanza con una mayor cota de poder a costa de la influencia de ICV está socavando las cimientos de un pacto cuyas tensiones se habían conducido hasta ahora, en mayor o menor medida, de forma subterránea. Si la falta de sintonía entre Joan Clos e Imma Mayol no escapa a nadie, la relación actual entre Mayol y Portabella se puede decir que echa chispas.

En su intervención, la presidenta de ICV insistió en sus argumentos para justificar el 'no' -estigmatización de colectivos, inclusión de conductas no comparables...-, así como un argumento que parecía dirigido sólo a los oídos de Portabella, asegurando que 'las políticas sociales -cuya inclusión en la ordenanza se atribuye ERC en exclusiva- no pueden ser sólo paliativos para endulzar las de seguridad'. La exposición de motivos de Portabella fue, de hecho, una replica en exclusiva a Mayol, insistiendo en la capacidad negociadora de ERC en contraste, se le entendió, con la intransigencia de ICV. Una alusión al carácter de 'socio minoritario' de ICV, frente a la de 'socio minoritario mayoritario' de ERC -cuando apenas 5.582 votos separaron a ambas formaciones en las elecciones- acabó por encender los ánimos de Mayol, que demostró gesticulando su enojo con el republicano.

En este escenario de toma y daca, la argumentación de Trias para justificar su voto positivo fue casi balsámica, pese a que no olvidó cargar tanto por la desunión del gobierno como por el proceso de elaboración y la tardanza en llevarla a la práctica: 'Sólo se les enciende la bombilla cuando los medios de comunicación lo denuncian'.

Mucho más contundente se mostró Alberto Fernández, jefe de filas del PP, partido que pese a compartir el espíritu de la ordenanza no la votó por considerar que no concreta, no incorpora los medios para su cumplimiento y se olvida de tipificar conductas, como el consumo de drogas o el botellón. Fernández, que aludió a la nueva mayoría formada por el 'neotripartito' -PSC, CiU y ERC-, reclamó a ICV que 'por coherencia' abandone el gobierno de la ciudad si es que no comparte las medidas que éste lleva a cabo.

Los argumentos, tanto de Assumpta Escarp y Jordi Hereu (PSC) como del alcalde Clos intentaron demostrar que pese a las voces críticas contra la ordenanza, la verdadera 'mayoría' se expresa en el pleno del Ayuntamiento. Clos, que aludió a las armas que dará la Justicia de Proximidad -que podría empezar a aplicarse en verano-, fue claro al señalar que en un asunto como el de la convivencia en el espacio público 'nos mojamos. No hay que tener miedo a tomar medidas en favor de la ciudad', convencido de que únicamente con el Código Penal no es suficiente para atajar según qué comportamientos. De igual manera, Clos reclamó 'que se explique de verdad lo que dice la normativa', ya que consideró que ha habido un proceso de desinformación interesado en relación al texto. En todo caso, puntualizó el alcalde, la ordenanza no es una 'varita mágica', sólo un instrumento más para garantizar el uso democrático del espacio público por parte de todos.

Terra Actualidad - Vocento/VMT

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