|
Este año, la Cabalgata colmó de nuevo las expectativas. Había comentarios para todos los gustos, aunque primaban los positivos. Melchor la encabezaba desde una carroza con un enorme duende, cajas de los regalos y las sacas de Correos, colocadas a propósito para que los rezagados depositasen sus cartas. Por su parte, Gaspar desfilaba encamarado en un alto sillón junto con un cebra mientras que a Baltasar le hacía compañía un gran Piolín. 'Que vienen, que vienen' era el eco que resonaba a las seis de la tarde en la plaza de la estación, la hora de su llegada. Procedía de los centenares de niños impacientes y nerviosos que querían ver en vivo y en directo a sus Majestades. Sus ojos tenían un brillo especial y eran mucho más grandes de lo habitual. Era el caso de David Pérez que con cinco años destacaba la 'muchísima ilusión' que le hacía el haber podido ver de cerca a su rey preferido: Melchor. 'Le he pedido lo que Sus Majesades quieran', contaba aún emocionado para después reconocer que, de paso, también 'un coche'. Prometía que se iría pronto a la cama, pero avanzaba que 'antes voy a ir al cine con mis padres'. Melchor era también el que más le gustaba a Leire Ángulo. 'Por la barba', justificaba. Con seis años recitaba de corrido la carta que había envíado a los Reyes Magos con unas peticiones que resumía en un 'lo que queráis'. Junto a ella, Inés Gabanés era más explícita. Tenía seis años, pero quería más regalos: 'el cochecito de Los Mechizos, el casco de la Barbie y el baúl de disfraces'. Era partidaria de Baltasar, 'por su carroza', espetó. Más larga era la carta que había enviado Daniel Rodríguez, que con ocho años se dedicaba afanoso a recoger gominolas con la intención de llenar una bolsa, para 'mis padres y mi familia'. Esperaba recibir hoy 'la play2, con muchos juegos, mando, volante y pedales', detallaba.
|