Los vecinos del Hispania amenazan con paralizar la obra del Colegio de Arquitectos
Los problemas no son nuevos: ya se produjeron cuando el conjunto residencial Hispania era sólo unas obras. En aquella ocasión, frente a los pretendidos derechos e intereses del Colegio de Arquitectos sobre la parcela donde se alzaba el colegio, estaban los de la constructora DUA. El cambio de decano y la conclusión de las obras de las viviendas dio paso a una tregua, que ahora puede darse por rota: los propietarios acordaron en la noche del miércoles dar un ultimátum de 15 días al colegio para que acepte sus demandas. Amenazan con parar la obra mediante un interdicto.
Las raíces del conflicto son sencillas. El colegio oficial es el dueño del solar que ocupaba el desaparecido centro escolar, y ha contratado a Dragados para que lo reconstruya y ubicar allí su sede. Sin embargo, todo lo demás es propiedad de la comunidad: la plaza que rodea la obra -con calificación de espacio libre privado de uso público- y los tres sótanos de garaje que se encuentran debajo.
Vecinos y promotor, el Colegio de Arquitectos, mantuvieron varias reuniones antes y después del inicio de las obras. Los primeros accedieron a las servidumbres eléctricas y de agua que requería Dragados para sus labores, como muestra de buena voluntad y de su interés en tener la sede colegial en el centro de su plaza.
Si los residentes tienen interés en que el proyecto salga adelante, ¿por qué amenazan entonces con paralizar la obra? Básicamente, porque el Colegio de Arquitectos no accede a sus demandas: un aval bancario indefinido mientras dure la construcción como garantía de que los trabajos no causarán desperfectos en la plaza, y una contribución del colegio para sufragar los mayores gastos de limpieza y seguridad que ocasionan las obras. Ni más, ni menos.