Nueve encapuchados secuestran a un armador de Ribeira en el centro de Lima
Andrés Gude González, heredero directo de una saga dedicada en vida y alma a la pesca, permanece en paradero desconocido desde el pasado miércoles, víctima de un rapto en Perú. Al parecer, el empresario de Ribeira (La Coruña) circulaba por una céntrica calle de Lima en un Toyota conducido por un chófer, cuando, de repente, nueve encapuchados lo sacaron de su vehículo a balazos. En el escenario de los hechos, se encontraron manchas de sangre y huellas dactilares; muestras recogidas por la Policía.
La familia recibió dos llamadas de los presuntos autores que, según ha trascendido, exigen 2,5 millones de euros para la liberación. No es la primera vez que el armador sufre un intento de secuestro. Hace dos meses se produjo un primer caso, fallido, pero el método utilizado por los delincuentes registra similitudes, dado que le cerraron el paso con sus turismos. En esas circunstancias, la reacción del afectado fue tirarse al suelo, hasta que al final consiguió escabullirse.
Desde aquel momento, el gerente de la firma Gude González Hermanos decidió contratar una empresa de seguridad, por lo que se desplazaba por territorio peruano bajo la vigilancia de uno o dos escoltas; de los que ahora no se tiene noticia. Los agentes, por el momento, están centralizando sus investigaciones en los puertos de Callao, Huarmey y Chimbote, localidades en las que están operando las embarcaciones de la empresa que el afectado posee en la zona del Pacífico.
Tan sólo esta semana, se registraron otros tres secuestros en la capital limeña. Un extremo que genera desesperación en una ciudadanía estupefacta por unas bandas que han ideado un cruel medio para obtener recursos económicos: el de la extorsión, previo seguimiento de las presas para conocer sus costumbres y los lugares que frecuentan. Andrés Gude González, de 56 años, padre de cuatro hijos (el mayor también dedicado a la pesca), se inició desde muy joven en este arte.
Su padre poseía un pequeño barco con el que se dedicaban a la captura de la palometa y de otras especies. Tiempo más tarde, los dos se adentraron en el mundo del palangre, con la adquisición de embarcaciones destinadas a la captura del pez espada. Finalmente, constituyó su propia empresa, de carácter familiar. Con él está su primogénito, Daniel. La compañía que regenta el secuestrado, que está asociado a otros armadores de Ribeira, centra su actividad fundamentalmente en Perú y en Brasil. Por esta razón, se ve obligado a viajar con asiduidad a Sudamérica.
En esta ocasión, supervisaba el trabajo de dos embarcaciones (una de ellas acababa de descargar pez espada en el puerto del Callao); y su regreso a España estaba programado para los próximos días. Los familiares se han resistido a ofrecer declaraciones; lo que sí piden es respeto.