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Tanta puntualidad obligó a la "top model" y a su padre a esperar dentro del coche unos minutos, ya que inmediatamente detrás de ellos llegaron los Reyes -Doña Sofía llevaba un traje de chaqueta color lavanda-, los Duques de Lugo y los de Palma. Doña Elena vestía abrigo y traje en cuadros rosa y beige y su hermana Doña Cristina un vestido de gasa color verde musgo. Un cuarto de hora antes, y entre los aplausos y gritos de "guapos" de los numerosos curiosos que en la calle esperaban la llegada de los invitados, hacían su aparición los Príncipes de Asturias, que anoche asistieron en la localidad próxima de Torrecaballeros a una cena que los novios ofrecieron a sus amigos e invitados más jóvenes. Doña Letizia, muy sonriente y del brazo de su esposo Don Felipe, vestía un traje dos piezas con falda roja bordaba en azabache y cuerpo negro, como los zapatos, el bolso y el abanico que completaban su atuendo. El pelo, recogido en un moño. "Guapísima", fue el comentario unánime de las decenas de fotógrafos que permanecían apostados a la entrada del templo.
A las seis y cinco se desvelaba, por fin, uno de los secretos mejor guardados en cualquier boda: el traje de la novia. Un modelo del diseñador Miguel Palacio, amigo de Laura Ponte, un traje muy cinematográfico, años 30, de color marfil, con bordados plata a modo de cinturón, manga larga y cola "hollywoodiense". Diez minutos antes, y acompañado por su madre y madrina, la Infanta Doña Pilar, con mantilla y un traje de chaqueta color vainilla, había entrado en la iglesia el novio, Beltrán Gómez Acebo de Borbón, de chaqué, como todos los testigos, entre los que estaban sus cuatro hermanos: Simoneta, Juan, Bruno y Fernando. Este último se casará el próximo mes de noviembre. En un mismo coche llegó la Infanta Margarita, hermana menor de Don Juan Carlos y Doña Pilar, junto a su esposo, el Duque de Soria, y sus dos hijos, María y Juan. Oficiaron la ceremonia religiosa tres sacerdotes, entre ellos el párroco de la Colegiata, Isidoro Mardomingo, en un templo sencillamente adornado, con arreglos florales en verde -hiedra y helechos con pequeñas flores blancas- y en el que se escucharon músicas especialmente escogidas por los novios. Obras de J. Clarke -con las notas del rondó de su "Prince of Denmark's March" entró la novia en la iglesia-, Mozart, Haendel, Vivaldi, Bach y Haydn. Emotivo fue el momento, durante el ofertorio, en el que sonaron las notas del "Ave María" compuesto por José Manuel Fernández Sastrón, esposo de Simoneta, hermana mayor del novio. El altar del templo, de planta de cruz latina, construido, al igual que el Palacio Real, por el arquitecto Teodoro Ardemans a mediados del siglo XVIII, fue cubierto con una antigua sábana que perteneció a la Infanta Isabel, conocida popularmente como "La Chata", que está enterrada en esta iglesia del Real Sitio, junto a Isabel de Farnesio y Felipe V. Tras la ceremonia, los invitados -en la iglesia, dadas sus reducidas dimensiones, sólo pudieron estar doscientos de los más de quinientos- se trasladaron a Cabanillas del Monte, una pequeña aldea próxima a Torrecaballeros, en donde se celebrará el banquete de bodas.
Una lista de invitados de lo más heterogénea, en la que figuraban, además de las familias de los contrayentes, compañeras de profesión de Laura Ponte, como las modelos Nieves Álvarez o la embarazada Martina Klein, el periodista Pedro Erquicia, la baronesa Thyssen o el príncipe heredero de Noruega, Haakon Magnus, que vino sin su esposa Mette Marit. En un histórico edificio, un Esquileo del siglo XVIII, especialmente decorado, se celebrará el banquete, en el que se servirán platos típicos segovianos, gallegos y asturianos -la novia pasó su infancia en el Principado-, cocinados por dos "chefs" de Segovia: Gregorio Rico y Nicolás Fernández Sutil.
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