Moussaoui, el único acusado por el 11-S, pasará el resto de su vida en la cárcel
La falta de unanimidad entre los miembros del jurado libró hoy a Zacarias Moussaoui, el único acusado en EEUU por los atentados del 11-S, de la pena de muerte y le condenó a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Los nueve hombres y tres mujeres que formaron el jurado permanecieron impertérritos mientras se leía un extenso veredicto. Mientras, Moussaoui rezaba en silencio hasta que, al salir de la sala, se dirigió a los abogados de la acusación, aplaudió y les dijo en inglés: "América, perdísteis, yo gané".
La jueza que presidió el proceso, Leonie Brinkema, emitirá mañana, jueves, su sentencia formal, en la que es de esperar que confirme el veredicto del jurado, por el que el ciudadano francés de origen marroquí pasará el resto de sus días en una prisión federal de máxima seguridad.
Pocos minutos después de que se emitiera el veredicto en la corte, el oficial de información de este tribunal de Alexandria (Virginia), Edward Adams, compareció para leer ante los medios y familiares de las víctimas la decisión del jurado. "Los miembros del jurado no alcanzaron la unanimidad necesaria para una pena de muerte", dijo Adams, quien no especificó el resultado de la votación.
El conflictivo pasado familiar de Moussaoui, que incluye un padre alcohólico y maltratador, también fue tenido en cuenta por nueve de los componentes del jurado como circunstancia atenuante.
Gran premeditación Adams anunció que hubo unanimidad al considerar que Moussaoui "creó conscientemente un serio riesgo" para las vidas de las víctimas del 11 de septiembre de 2001 con sus mentiras y que cometió sus actos "con una considerable premeditación".
Sin embargo, informó de que tres miembros del jurado consideraron como atenuante que Moussaoui "tenía una información limitada sobre los planes de los atentados del 11-S", que causaron cerca de 3.000 muertos en Nueva York, Washington y Pensilvania.
El conflictivo pasado familiar de Moussaoui, que incluye un padre alcohólico y maltratador, también fue tenido en cuenta por nueve de los componentes del jurado como circunstancia atenuante. Uno de los abogados defensores del acusado, Edward MacMahon, declaró que "en el juicio se ha visto la profunda división en EEUU sobre la pena de muerte".
El Departamento de Justicia estadounidense, que había perseguido con ahínco que se condenase a Moussaoui a la ejecución por inyección letal, subrayó la 'gran labor' de los funcionarios federales de EEUU.
Respeto al veredicto "Respetamos la decisión del jurado y agradecemos a los familiares de las víctimas la humanidad y valentía que han demostrado en todo el juicio", dijo MacMahon. El presidente de EEUU, George W. Bush, emitió una nota oficial por escrito en la que consideró que "el final del juicio significa la conclusión de este caso pero no el final de la lucha contra el terror".
El Departamento de Justicia estadounidense, que había perseguido con ahínco que se condenase a Moussaoui a la ejecución por inyección letal, subrayó la "gran labor" de los funcionarios federales de EEUU y tildó los testimonios del condenado como "muy ofensivos para el pueblo estadounidense".
Los familiares de las víctimas, que desempeñaron un papel central en el desarrollo del juicio, se mostraron serenos al conocer la decisión y manifestaron respeto por el veredicto.
"Aunque el sistema de justicia funcionó, no será (el veredicto) lo que todas las familias hubiesen deseado (...), pero demuestra al mundo que no permitiremos que los terroristas vengan y anden sueltos por nuestro país", dijo Rosemary Dillard, cuyo esposo Eddie murió en el Pentágono. La condena a Moussaoui pone fin a cuatro años y medio de investigaciones para inculparle y a un polémico juicio de seis semanas que ha tenido en vilo a la opinión pública estadounidense.
Las imágenes y recuerdos del 11-S volvieron a saltar a la primera plana en los medios estadounidenses a medida que se iban desvelando en el juicio detalles desconocidos del peor atentado sufrido en este país.
Moussaoui fue detenido por la Oficina Federal de Investigación (FBI) tres semanas antes de los atentados del 11-S tras levantar las sospechas de un instructor de vuelo en una academia de Minesota en la que pretendía aprender a manejar un Boeing 747 sin tener siquiera un permiso para pilotar.
Durante el juicio se declaró culpable de seis cargos de conspiración, tres de los cuales implicaban la posibilidad de una condena a muerte.