La farmacia de Agatángelo Soler, en la calle Mayor de Alicante, es toda una referencia. Sobre todo para los que nacieron después de la guerra civil, ya que la generación anterior no podría ser fedatario del fenómeno social que constituyó en la capital. Hoy, y desde hace una veintena de años, la titular es la Farmacéutica Antonia Ruiz Ortega.
Agatángelo Soler Llorca acababa de obtener la licenciatura en Farmacia. Su padre, afamado y prestigioso farmacéutico que venía ejerciendo en la plaza de San Cristóbal, no dudó en adquirir el establecimiento que existía en la calle Mayor, muy próximo al Ayuntamiento, sin saber que años más tarde, en ese edificio y durante algunos años, iba a disponer del primer despacho.
La farmacia primitiva la inauguró el doctor Aguiló a finales del siglo XIX, el cual la legó a su hija Adela, farmacéutica también, quien la regentó por espacio de varios años. Hasta que llegada la década de los 40 del pasado siglo, pasó a depender del nuevo Licenciado en Farmacia y que entre otros importantes cargos, del momento en que le tocó vivir, ostentó la alcaldía de la ciudad que le vio nacer y a la que representó en las Cortes Españolas.
Con independencia a la actividad que a nivel político-social y con carácter puramente amistoso, se venía manteniendo en la rebotica de la farmacia de la plaza de San Cristóbal, protagonizada por un selecto grupo de alicantinos amigos entre sí, Agatángelo Soler, hijo, pudo hacer otro tanto en la suya, en los ratos libres que su entrega y dedicación al laboratorio, le permitía.
De ese laboratorio, precisamente, salieron productos tan recordados como los comprimidos Akra , para el dolor de cabeza; Tiazolaga ; Coliriag a; Peladillas Bronquiaga ; Solaga (filtro solar para la playa); Limonadas Soler (laxante), en las que la patente no era otra que la primera sílaba de su nombre.
Desde sus inicios la farmacia se surtió de una clientela procedente en su mayor parte, de un radio de acción de 500 metros a la redonda, es decir, del casco antiguo, toda la Villavieja hasta principio de Virgen del Socorro. Y de la Explanada. Posteriormente el abanico se fue ampliando a medida que crecía el censo de habitantes y las viviendas aumentaban su tamaño y capacidad.
Actualmente, con la colaboración de dos familiares y tres empleados, continua su ritmo y además, de nuevos, todavía acude la tercera generación de los primeros clientes.