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Mientras se ultiman los preparativos de los actos para recordar hoy a las víctimas de la tragedia, cuando se cumple justo un año del primer atentado suicida en suelo europeo, la policía aún busca pistas para esclarecer el suceso. El jefe de la brigada antiterrorista de Scotland Yard, Peter Clarke, dijo esta semana que los agentes intentan "reconstruir" los hechos, pero admitió que se trata de "una labor muy complicada". "Necesitamos saber quién más, aparte de los terroristas, sabía qué estaban planeando", afirmó Clarke, quien precisó que sus detectives han examinado 13.353 declaraciones de testigos, 29.500 pruebas y 6.000 horas de grabaciones de cámaras de seguridad. "Se ha logrado un gran avance, pero queda mucho por hacer", concedió el jefe policial, deseoso de responder a preguntas como: "¿Les animó alguien (a los terroristas)? ¿Les ayudó alguien con dinero, alojamiento o conocimientos para fabricar bombas". Clarke insistió en que la investigación de los atentados continúa siendo "intensa", y subrayó que todavía cree "posible" descubrir pruebas que permitan acusar a alguien formalmente. Ni rastro de Al Qaeda Dos de los terroristas, Mohamed Sidique Khan, de 30 años y supuesto "cabecilla" del ataque, y Shehzad Tanweer, de 22, visitaron Pakistán antes de la matanza, de ahí que gran parte de la investigación se centre en dilucidar qué hicieron en ese país. "La sospecha -opinó Clarke- es que ellos se reunieron con gente vinculada a Al Qaeda y que asistieron a campos de entrenamiento". No obstante, las dos investigaciones oficiales de la masacre -una del Ministerio del Interior y otra de la Comisión de Inteligencia y Seguridad de la Cámara de los Comunes- no han logrado confirmar esa sospecha. Según el informe de Interior, presentado el pasado mayo ante el Parlamento, el Gobierno británico no ha encontrado rastro del supuesto apoyo de la red terrorista Al Qaeda a los cuatro suicidas. El documento declara que no existen "pruebas concluyentes" para corroborar las declaraciones del "número dos" de Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, en un vídeo emitido el 19 de septiembre pasado, en el que atribuyó a esa red terrorista el honor de los ataques en Londres. Fue, por contra, una operación de poca envergadura y barata, ya que la logística y las "mochilas-bomba" fabricadas por los propios terroristas no costaron más de 12.000 euros (14.720 dólares). Los suicidas vivían dobles vidas Sobre el perfil psicológico de los cuatro suicidas, la investigación gubernamental reveló que vivían dobles vidas, pues alternaban una interpretación radical del Islam con el disfrute del estilo de vida occidental. Por otro lado, el informe de la Comisión de Inteligencia y Seguridad de la Cámara de los Comunes, aseguró que "habría habido más posibilidades de evitar los atentados si se hubieran destinado más recursos a tiempo" a los servicios de seguridad y espionaje. Asimismo, ese documento confirmó que los servicios secretos habían investigado a Khan y Tanweer antes del 7-J, y que también tenían fichado al suicida de origen jamaicano, Germaine Lindsay, de 19 años, aunque no al cuarto terrorista, Hasib Hussain, de 18 años Dadas las dudas que suscitan ambos informes, las familias de las víctimas han reclamado una investigación pública de los atentados. Sin embargo, el primer ministro británico, Tony Blair, volvió a descartar este martes esa idea, argumentando que sería muy costosa y absorbería fondos destinados a la lucha antiterrorista.
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