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Editorialistas e historiadores tanto españoles como italianos criticaron la mayor beatificación de la historia de la Iglesia por el carácter 'político' del acto. Y es que éste se ha producido pocos días antes de la probable aprobación, la próxima semana en España, de la Ley de Memoria Histórica que rehabilita a todas las víctimas de la Guerra Civil española y de la posterior represión de la dictadura impuesta por el general Francisco Franco. La ceremonia de beatificación, oficiada toda en español, fue presidida por el cardenal portugués José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, representante oficial del Papa. Benedicto XVI no celebró la ceremonia aunque fue testigo del rito desde el palacio apostólico, desde donde dirigió un mensaje a los presentes. 'Con sus palabras y gestos de perdón hacia sus perseguidores, (los nuevos beatos) nos impulsan a trabajar incansablemente por la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacífica', clamó el Papa al término del Angelus, pronunciado desde la ventana de su apartamento. El Papa no hizo alusión a las circunstancias históricas en las que murieron los 498 nuevos beatos y se limitó a recordar que 'no todos están llamados al martirio cruento'. En la ceremonia estuvieron presentes representantes del Gobierno español, entre ellos el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. La presencia de Moratinos y de uno de los ponentes de la Ley de Memoria Histórica en la ceremonia en el Vaticano fue calificada de 'gesto amistoso tras fuertes roces' con la Iglesia, según el diario español El País. 'Los mártires no son patrimonio exclusivo de una nación, pertenecen al mundo entero, a la Iglesia universal', recalcó el cardenal Saraiva Martins durante la homilía, en unas palabras también interpretadas como otro gesto pacificador ante las polémicas por la beatificación. En la lista de nuevos beatos figuran dos obispos, 24 sacerdotes, 462 religiosos, tres diáconos, un seminarista y siete laicos. Cinco de ellos nacieron fuera de España, dos en Francia, dos en México y otro en Cuba. La mayoría de los nuevos beatos murieron en 1936, siete fueron asesinados en 1937 y dos fueron víctimas de unas 'persecuciones religiosas' de 1934. Según los historiadores, cientos de religiosos y religiosas españoles fueron asesinados por los republicanos, sector que contaba con fuertes corrientes anticlericales antes y durante la Guerra Civil, que dejó un saldo de más de 500.000 muertos en España entre julio de 1936 y abril de 1939. Tras la derrota de los republicanos y la victoria de los militares sublevados y la instauración del régimen dictatorial de Franco, unos 50.000 republicanos fueron ejecutados por las fuerzas nacionalistas y decenas de miles fueron encarcelados o tuvieron que partir en exilio. No es la primera vez que la Iglesia beatifica a 'mártires' de la Guerra Civil española ya que Juan Pablo II, fallecido en abril de 2005, en varias ocasiones elevó a los altares a religiosos 'víctimas de las persecuciones religiosas'.
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