Crece población de 29 especies de ave propias hábitats forestales de España
Las poblaciones de 29 especies de aves que viven en hábitats forestales de la Península Ibérica crecieron en la última década de forma 'notable', en contra de las predicciones de los científicos, que apuntaban a un declive del censo de aves en un escenario de cambio climático.
Así lo ha explicado a Efe Javier Seoane, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y coautor de esta investigación, que aparece publicada en la revista 'Global Ecology and Biogeography' y está enmarcada en el Programa SACRE, de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife).
El trabajo, que ha sido codirigido también por el científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) Luis M. Carrascal, revela que de las 57 especies estudiadas entre 1996 y 2004, la mitad experimentó un crecimiento en sus poblaciones y sólo seis disminuyeron.
Los científicos observaron que las especies que registraron un incremento más acusado correspondían a aves como el zorzal común o la curruca capirotada, que viven en áreas montañosas como la Meseta Norte, la Sierra de Madrid o la Sierra de Cádiz.
De forma contraria, especies como la alondra, la calandria o la golondrina, propias de áreas de cultivos o pastizales en las que no existe el arbolado, experimentaron un declive.
Según Seoane, los resultados obtenidos no concordaron con lo que cabía esperar en un contexto de calentamiento mundial, 'al que se suele atribuir sin matices la responsabilidad principal del declive de las poblaciones y la pérdida de la biodiversidad'.
El aumento de las temperaturas en los últimos años hacía pensar a los científicos que especies avícolas como la calandria o la golondrina, que son frecuentes en zonas cálidas, debían de adaptarse mejor a los efectos del cambio climático y que, por tanto, experimentarían un aumento en sus poblaciones.
No obstante, los resultados de la investigación revelaron un descenso en el número de ejemplares de estas especies, lo que hace pensar a los investigadores que, además de los cambios térmicos, otros aspectos ambientales pueden haber afectado a los ecosistemas.
En este sentido, la hipótesis principal barajada por los científicos plantea que el incremento de especies forestales podría deberse al hecho de que los inviernos sean cada vez más cortos y las primaveras, más largas, lo que favorecería el crecimiento de los bosques y, por tanto, la supervivencia de esas especies.