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En agosto de 2004 el Reino Unido abrió la puerta por primera vez en Europa a la clonación de embriones humanos con fines médicos al autorizar a la Universidad de Newcastle a investigar tratamientos para la diabetes y los males de Parkinson y Alzheimer. En noviembre de 2006 un equipo de científicos británicos encabezados por el profesor Lyle Armstrong pidió a las autoridades del Reino Unido licencia para crear embriones híbridos humano-bovinos, de los que se podrían extraer células madre. Aunque en un principio la petición no fue bien recibida por el Gobierno británico, finalmente el pasado mes de mayo el Ejecutivo presentó un proyecto de ley que permite la utilización de embriones híbridos de humanos y animales (conocidos como 'quimeras') en la investigación médica, aunque no podrán crecer durante más de 14 días ni ser implantados en un útero humano. En Estados Unidos, en agosto de 2001, el presidente George Bush, firme detractor de la investigación con células madre, restringió las ayudas federales a la investigación con las líneas celulares ya existentes. La Cámara de Representantes, de mayoría republicana, aprobó un proyecto de ley para prohibir todos los tipos de clonación, aunque luego esta iniciativa se estancó en el Senado, controlado por los demócratas.
La obtención de células madre embrionarias a partir de embriones sobrantes de fertilizaciones in vitro se permite en Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, España y Holanda. En el contexto de la Unión Europea, la Constitución Europea, acordada por los 25 miembros de la Unión en junio de 2004, incluyó una prohibición expresa de la clonación reproductiva, pero no se pronunció sobre la terapéutica, que depende del criterio de cada país. En julio de 2006 los países de la UE acordaron seguir financiando con fondos europeos los proyectos de investigación con células madre embrionarias en los países donde esas prácticas estén autorizadas. A esta decisión se opusieron Austria, Lituania, Malta, Eslovaquia y Polonia, aduciendo razones 'éticas'. A nivel mundial, en marzo de 2005 la Asamblea General de la ONU adoptó una declaración no vinculante que instaba a los Gobiernos a adoptar medidas para prohibir todas las formas de clonación.
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