ciencia investigacion (embargada hasta las 20.00 horas) 31-08-2006
Estudio prueba genotipo moscas varía por el cambio climático
El aumento de las temperaturas como consecuencia del cambio climático está provocando modificaciones genéticas en determinadas especies, según ha demostrado un estudio basado en el genotipo de moscas liderado por investigadores españoles.
El trabajo, que publicará mañana la revista Science, explica cómo, a consecuencia del cambio climático, diferentes poblaciones de la Drosophila subobscura en Europa, Norteamérica y Sudamérica presentan genotipos muy similares a los de grupos de la misma especie que habitaban latitudes más cálidas hace unos 24 años, explicó a Efe uno de sus autores, el catedrático de la Universidad de Barcelona (UB) Lluis Serra.
Las conclusiones suponen una 'señal de alerta' pues es posible que 'los ecosistemas estén cambiando mucho más rápido de lo que somos capaces de ver a simple vista', advirtió a Efe el primer firmante del artículo, Joan Balanyá, también profesor de la UB.
Según Balanyá estos cambios 'tan acelerados' pueden provocar 'la desaparición de ciertas especies y la ruptura del equilibrio en algunos ecosistemas'.
El estudio, primero que relaciona modificaciones en el genotipo y el clima, según este experto, ha comparado la evolución de las temperaturas y la de un indicador genético conocido como polimorfismo cromosómico que es capaz de mostrar las inversiones de cromosomas características de cada latitud.
Los resultados indican que las temperaturas aumentaron en 22 de las 26 zonas analizadas y que en 24 de ellas creció el número de inversiones genéticas características de latitudes más cálidas.
En España, estos resultados se traducen, por ejemplo, en que los genotipos de las moscas que viven actualmente en Punta Umbría (Huelva) tienen una 'ordenación genética característica de individuos que vivían en el norte de Africa hace varias décadas', algo que nunca se había detectado en Europa hasta ahora.
El trabajo, en el que también participaron Josep María Oller, del departamento de estadística de la UB y los estadounidenses Raymond B. Huey y George W. Gilchrist, comenzó en 1999 y cruzó datos de hace varias décadas con los actuales de 6 poblaciones de mosca en Sudamérica, 13 en la costa oeste de Estados Unidos y 13 en Europa, entre las que se encontraban localidades de Cataluña, Valencia, Andalucía y Baleares.