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La Tafonomía, dijo, abarca un área de investigación 'desconocida por el público', pero 'fundamental' para descubrir cómo se comportaban los animales en el pasado, 'entre ellos el propio hombre'. En el estudio de la conservación del ADN del animal, el tafónomo investiga las condiciones en las que se ha conservado el fósil, mientras que el genetista comprueba si este puede ser extraído. De hecho, a comienzos de mes, Fernández-Jalvo publicó un estudio en el que demostraba que hay pérdidas de ADN completas en fósiles extraídos hace más de cuarenta años. En relación con el ser humano lo que más se estudia es el comportamiento de los primeros habitantes de la Tierra, 'cosas tales como qué animales recogían o si los consumían o no'. En Gibraltar se han encontrado restos de focas y por las marcas de corte de utensilios líticos se sabe que fueron consumidas por humanos. Eso es 'muy importante' porque en los noventa se consideraba que el consumo de animales marinos por parte del Homo Sapiens podría ser una evidencia de una inteligencia mayor que la del hombre de Neandertal, dijo la paleontóloga. Fernández-Jalvo explicó que la Tafonomía también ha mostrado ser útil en el estudio de los dinosaurios. De hecho el descubrimiento de fósiles de aves ingeridos y 'vomitados' por dinosaurios es otra de las pruebas que demuestran que las aves son descendientes directos de estos reptiles, puesto que un rasgo característico de éstas es regurgitar los restos de alimento que no pueden digerir. También sirve para constatar cambios en el clima, ya que en ocasiones la presencia de unas especies animales en un yacimiento sugiere el predominio de unas condiciones ambientales y un estudio tafonómico puede demostrar que en realidad estaban allí por la presión ejercida por los depredadores, como ocurrió en la cueva de Olduvai, un yacimiento estudiado por la investigadora del CSIC.
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