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En ella, Amy Tan, que en la actualidad vive con su marido y sus dos minúsculos yorkshire terriers entre San Francisco y Nueva York, cuenta la delirante historia de unos turistas norteamericanos que acaban secuestrados en la selva de Myanmar, antes Birmania. Son diez adultos y dos adolescentes, bienintencionados pero ignorantes de cuanto les rodea, que, a pesar de sus esfuerzos por adaptarse al entorno y de ser lo más políticamente correctos, se comportarán como gente malcriada, acostumbrada a las comodidades y protestona, e irán encadenando un malentendido tras otro hasta acabar en poder de unos rebeldes locales. 'El mundo está lleno de necesidades: hambre, guerras civiles, enfermedades, calentamiento global, y cuando la gente del primer mundo se enfrenta a todos estos problemas se siente en la obligación moral de dar una respuesta. Pero esta respuesta, tan llena de buenas intenciones, a veces, no conduce a nada bueno, al contrario, puede llegar a convertirse en toda una pesadilla para aquellos a quienes se quiere ayudar', explica la escritora, que estos días se encuentra en Madrid para promocionar su libro. Amy Tan, que ha escrito una novela divertida, inicia la ficción en el prefacio mismo, en el que afirma que los hechos le han sido contados por el fantasma de Bibi Chen, la dueña de una galería de arte de San Francisco, que fue la organizadora del viaje pero que, en el último momento, no pudo realizarlo: el día antes apareció muerta en su local, en medio de un charco de sangre y con un antiguo peine clavado en la garganta. 'Elegí un fantasma porque necesitaba un narrador especial que fuera omnisciente, pero también que tuviera una visión crítica de los actos y que dijera verdades incómodas. Podría haber sido también un esquizofrénico, pero elegí un muerto', explica la autora. En su novela, además de su intento por conocer mejor la dinámica de nuestras intenciones está también su deseo de conocer mejor qué tomamos por verdad y por qué. 'Muchas veces me molesta la manera en que los medios presentan las noticias, pues me doy cuenta de que la gente toma algo por verdadero o por falso según lo que ellos tengan asumido, según sus propias creencias, cuando cualquier cosa que se nos presente como verdad es sólo una versión de la verdad', dice la escritora. Ha elegido Myanmar para situar la acción, no tanto por la fascinación que Oriente parece ejercer en sus lectores, sino porque además de ser un escenario hermoso, misterioso y cargado de historia, es un país 'del que, desde su cambio de nombre, ya nadie habla ni sabe situar en el mapa, al que no se permite la visita de escritores e intelectuales y donde los derechos humanos siguen fuertemente comprometidos'. Amy Tang, a pesar de su éxito nunca lee las críticas 'por razones de higiene, porque no quiero que, tanto si son halagadoras como si son malas, me afecten e interfieran en mi libre iniciativa'. Ahora colabora en la trasposición a la ópera de su novela 'La hija del curandero', que se estrenará en septiembre de 2008 en San Francisco y luego viajará a China, Hong Kong y otros puntos de Oriente. La escritora, que intercala en la conversación algunas palabras en español, idioma que conoce por autores como 'Isabel Allende, Cervantes, Lorca o García Márquez', tuvo que dejar de escribir hace dos años por sufrir unas pérdidas de memoria y de concentración que ahora sabe que obedecían a la enfermedad de Lyme, y de las que está perfectamente recuperada.
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