Las perversiones de Dalí, Cela, Belmondo y otros clientes de la señora Rius
Salvador Dalí, Camilo José Cela, Orson Wells, Jean Paul Belmondo y el rey Faisal de Arabia Saudí tienen en común que solicitaron los servicios de Lydia Artigas, más conocida como la señora Ríus, de profesión “hacer hombres”, en un momento u otro de sus vidas.
Sus perversiones son las únicas de personajes públicos que aparecen reflejadas en las memorias de Lydia Artigas, escritas por Julián Peiró en ‘La sra. Rius de moral distraída’ (Editorial Comanegra).
Se decía que Salvador Dalí era el dueño de una casa de citas en la calle Copérnico de tanto que acudía a visitar a la señora Lolita y sus chicas. Pero Lydia Artigas le recibió en el San Carlos, uno de los mayores burdeles de Barcelona. Junto a otras tres señoritas (Dalí siempre escogía cuatro y siempre por su alta estatura) se “hizo” a Salvador Dalí . El artista apareció acompañado de ocho mujeres espectaculares, las “suecas”, y sin mirar a las chicas repetía que le llamarán “divino” mientras la traían un pato …
En cambio a Camilo José cela no le iban los animales. Prefería entrar con dos mujeres a la vez. Antes de entrar en faena, a Cela le gustaba romper vajillas enteras, platos y más platos, …
Estas dos son sólo algunas de las perversiones de algunos clientes populares que se pueden leer en las memorias de la señora Ríus. Pero en el libro hay más. Muchísimo más. Historias de una vida dedicada al negocio del sexo en Barcelona. Más de cinco décadas, desde la adolescencia de un posguerra donde la necesidad impulsaba a “hacer hombres”, como le gusta a la señora Rius definir su trabajo, hasta una casa de citas que mantiene desde hace barias décadas y que Lydia Artigas mantiene en la actualidad a sus 70 años.
Leer el libro ‘La sra. Rius de moral distraída’ es como ver la serie ‘Los Soprano’. Conoces la vida de una serie de personas, les coges cariño, pero quizás hay algo en su manera de ganarse la vida que te inquieta, pero te acaba gustando (en cierta manera): Lydia Artigas comienza a “hacer hombres” de adolescente con un señor que la mantiene a ella y a su madre, que también ejerció de meretriz. Más adelante se hace profesional pluriempleada (por las mañanas va a una oficina y por la tarde al club San Carlos, un clásico de la ciudad). Tras años de idas y venidas de la profesión, decide establecerse por cuenta propia como madame con un éxito arrollador.
La señora Rius nos abre las puertas de sus aficiones, entre las que se muestra como una cinéfila empedernida; de su casa , desde la que contemplamos los gustos de los españoles en materia sexual con el paso de las décadas; de su vida y de las mujeres que le acompañan, que trasciende el mero acto sexual y se convierte en un refugio donde resguarecerse. Como dice la señora Ríus: "En casa se come bien, pero de vez en cuando hay que ir al restaurante".