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Conocedor de la realidad norteamericana debido a sus más de 20 años en el país anglosajón, Lago considera que lo que lleva a los nuevos talentos latinoamericanos a EE.UU. es 'la contigüidad regional entre América del Norte y América del Sur'. 'Hay lugares con mucha fuerza y energía como Nueva York, que fertilizan a quienes se acercan a ellos y donde se ubican los jóvenes', señaló el escritor. Esta urbe, que considera 'un imán' donde 'la gente creativa recibe grandes dosis de creatividad', se convierte además en la mejor plataforma para que los nuevos nombres 'se alimenten de los escritores anglosajones', logrando así ser 'más universales'. 'La nueva literatura latinoamericana es muy saludable porque una de las cosas que está haciendo es superar con claridad las marcas de identidad regional, que son limitativas', señaló Lago, convencido de que 'uno de los grandes problemas de EE.UU. es su provincianismo, que lo encierra en una cápsula'. Plenamente consciente de la influencia de los escritores del boom de los '60, como el colombiano Gabriel García Márquez o el peruano Mario Vargas Llosa, el escritor aboga porque 'surjan nuevos modelos'. 'Su época ya ha terminado, ya han cumplido su función histórica y ahora están en el panteón de los héroes caídos por la patria', manifestó Lago, no sin aceptar que 'algunos de ellos son insoslayables' como el argentino Jorge Luis Borges. Sobre este escritor señaló que su presencia es algo que 'casi nadie es capaz de eludirla porque su sombra se proyecta sobre todos'. Para este escritor, quien en 2006 se hiciera un nombre después de recibir el premio Nadal con su primera novela 'Llámame Brooklyn', el peligro más grande de la literatura no es el de los grandes referentes, sino el de los criterios comerciales. 'Las grandes editoriales crean unas formas de 'best-sellerización' con las que consiguen dominar a la gente para que compren libros estúpidos', manifestó el escritor, al lamentar que eso se convierta 'para los escritores jóvenes en una censura que los vigila a sí mismos'. Todavía sorprendido por el éxito de su primera novela, que concibió mentalmente durante 10 años hasta que finalmente se decidió a escribirla, muestra su predilección hacia los cuentos, 'un género mucho más lírico, intenso y cercano a la poesía'. Por ello, no es de extrañar que su próxima obra 'El ladrón de mapas' sea una recopilación de 20 cuentos con los que espera 'no traicionar a todo el mundo', a través de un alto nivel de exigencia. Sin prisas, como espera mantenerse en la escritura, revela que luego de tratar diferentes géneros, le queda pendiente publicar sus entrevistas a los escritores norteamericanos más destacados, así como reunir sus ensayos literarios. Nacido en Madrid en 1954, Eduardo Lago es doctor en literatura por la Universidad de Nueva York donde ejerce como director del Instituto Cervantes desde septiembre del 2006, además de ser catedrático de Literatura. Colabora con el periódico español 'El País', al tiempo que es autor de la crónica 'Cuaderno de Méjico' y de la colección de relatos 'Cuentos dispersos'.
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