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literatura-bezsonoff 07-07-2007


Joan Daniel Bezsonoff bucea en sus orígenes rusos en su última novela


El escritor catalano-francés Joan Daniel Bezsonoff bucea en sus orígenes rusos de la mano de su abuelo Mitrofan y de su tío-abuelo Leonid en su última obra 'Els taxistes del Tsar' (Los taxistas del zar), una crónica familiar que le sirve para reflexionar, a la vez, sobre el azar y la identidad.


A pesar de que el punto final del libro lo estampó hace poco, antes de entregar el original a la editorial Empúries, Bezsonoff (Perpignan, 1963) explica en una entrevista con Efe que la idea de este relato empezó a tenerla en su cabeza un sábado del año 1974, cuando contaba 11, y descubrió que tenía un tío que vivía en un minúsculo piso de las afueras de París, anclado en la Rusia prerrevolucionaria.

'Aunque como hijo de militar francés -remarca- he vivido en muchos puntos diferentes de Francia, siempre me he sentido catalán, porque la familia de mi madre lo es al cien por cien, pero a la vez me llamaba Bezsonoff, y este hecho me hizo dar cuenta, en un momento de mi infancia, que esos orígenes rusos también formaban parte de mi identidad'.

Ahora tira del hilo de las andanzas de los hermanos Mitrofan (padre de su padre) y Leonid Bezsonov (tal como se escribe en ruso el apellido) y recrea su huida desde la ciudad de Voronej -'donde en la edad de piedra ya vivían hombres'- hasta París, después de la Revolución rusa.

Aunque exiliados los dos, Mitrofan, el abuelo del escritor, se integró en la sociedad francesa, adquirió su nacionalidad e incluso se negó a hablar en ruso a sus cuatro hijos, mientras que Leonid, que no tuvo descendencia, vivió 'volviendo cada tarde a Rusia', leyendo a Puchkin, Tolstoi y Turguénev, en viejas ediciones con la ortografía tradicional, según escribe Joan Daniel.

Fueron taxistas, como tantos otros rusos, e incluso narra que Mitrofan falleció en el helado mes de febrero de 1956 al volante de su taxi.

Sobre todo ello reflexiona el autor rosellonés, en un tono humorístico-melancólico y muy autobiográfico (en su casa nunca se habló del abuelo: 'desde el día de su muerte, cayó una losa de silencio'), que llevará al lector a conocer, por otra parte, que desde siempre él ha sentido atracción y simpatía por el pueblo ruso.

'Me apasiona lo ruso y ahora lo estoy estudiando en serio porque quiero acabar leyendo y entendiendo las grandes novelas rusas', agrega.

Además, apostilla, ahora que 'cada noche leo un poco en esta lengua y veo que entiendo mucho de ella surge el placer de la dificultad vencida'.

A la pregunta sobre qué ha aprendido de este viaje por su árbol genealógico, Bezsonoff responde categórico que 'las cosas son mucho más complejas de lo que parecen y que nuestros abuelos tuvieron mucha dignidad, después de vivir situaciones terribles'.



Terra Actualidad - EFE

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