PREMIO CATALUNYA (Previsión) 30-03-2005 Lévi-Strauss pide 'mayor respeto para el mundo que nos rodea'
El antropólogo y filósofo francés Claude Lévi-Strauss, galardonado hoy con el Premio Cataluña, pidió 'mayor respeto para el mundo que nos rodea', que 'ha comenzado sin el hombre y acabará sin él'.
Esa convicción contenida en el libro que le catapultó hacia la fama, 'Tristes Trópicos' (1955), que contiene sus estudios sobre tribus de Brasil, es 'una convicción que deberíamos tener siempre presente', dijo Lévi-Strauss, en conferencia de prensa en París.
El planeta 'tal y como es hoy es algo inmenso comparado a nuestra pobre especie', reflexionó el filósofo, y, por eso, añadió, 'si formulase un deseo para el siglo (XXI) sería un mayor respeto para el mundo que nos rodea'.
Fue el único comentario que se permitió sobre la actualidad, él que a lo largo de toda su carrera hizo 'un esfuerzo, que es una especie de 'leit motiv', de estar lejos de la realidad'.
Por eso, consagró toda su existencia a estudiar civilizaciones muy lejanas y muy diferentes porque, según explicó, no se sentía 'muy capaz de juzgar de forma objetiva y desinteresada' la suya.
A sus 97 años, Lévi-Strauss ha recibido el XVII Premio Internacional de Catalunya con 'un sentimiento de gratitud' y 'emocionado', pues le ha permitido recuperar 'un poco de juventud'.
'Estoy emocionado, pues no estoy ya en la edad en la que se reciben premios ni en la edad de darlos, porque soy demasiado viejo para formar parte de un jurado. Ese premio me da la impresión de haber recuperado un poco de juventud', dijo Levi-Strauss en la Maison de la Catalogne en París, donde acudió con su esposa.
El premio, dotado con 80.000 euros (unos 105.000 dólares) y una escultura, reconoce a aquellas personas que han contribuido decisivamente con su trabajo creador a desarrollar los valores culturales, científicos o humanos en el mundo.
Fue el presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, quien le comunicó hoy por teléfono la noticia y quien le entregará el próximo 13 de mayo en París el galardón, que fue otorgado por primera vez al filósofo Karl Popper, otro gran pensador del siglo XX.
Considerado como el padre del estructuralismo, Lévi-Strauss rechazó ese título y explicó que esa corriente nació de un esfuerzo colectivo para encontrar una doctrina filosófica que ayudase a entender el mundo.
El estructuralismo 'no pretende de ninguna manera ocupar un lugar particular en el mundo de las ideas', aseguró el autor de 'Las estructuras elementales del parentesco' (1949), 'El pensamiento salvaje' (1962), 'Lo crudo y lo cocido' (1967), 'El Hombre desnudo' (1971) o 'Mirar, escuchar, leer' (1993), entre otras muchas obras.
Pese a haber sido catalogado como pesimista en su visión de la evolución de la Humanidad, insistió hoy en que no hace 'juicios sobre nuestra civilización y aún menos sobre su futuro'.
Sí se mostró optimista y locuaz, por contra, sobre el futuro de la etnología, aunque ya no queden tribus exentas de la influencia de la globalización.
'Incluso si esos pueblos se han transformado profundamente y se transforman cada día más con nuestro contacto guardan aún una mina de información que no ha sido recogida y, por tanto, durante años habrá trabajo que hacer a su lado', dijo.
Señaló que 'si vemos una tendencia a la uniformidad es porque estamos en parte ciegos y no nos damos cuenta de que en ese mundo monótono y homogéneo comienzan a aparecer otras diferencias que nos sorprenderán y que son la materia de la etnología del futuro'.
Y si esos dos campos fuesen infructuosos, a los etnólogos siempre les quedaría la posibilidad de analizar 'las decenas de miles de páginas de documentos etnológicos que aún no han sido explotados' y que acumulan polvo en las bibliotecas.
De cualquier manera, el 'mayor servicio' que puede dar la etnología a los pueblos llamados primitivos es 'salvaguardar la memoria de sus instituciones, costumbres y artes', afirmó Lévi-Strauss, sabedor de que el mundo se transformó profundamente en el siglo que le tocó vivir.
'Si se quisiera representar actualmente en la vitrina de un museo cómo vive una población en Nueva Guinea habría que poner, al lado de algunos útiles tradicionales, un saco de café y un Toyota', ironizó.