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'Pero no estoy loco', replica, y se declara dispuesto a realizar su obra 'sin autorización', regando la montaña 'de color a base de frutas rojas para llamar la atención sobre la contaminación de los Alpes por los turistas'. El artista dice que contrató ya a 15 personas para llevar 1.200 litros de agua coloreada hasta la cima de la montaña y pintar allí unos 2.500 metros cuadrados. El costo de la operación fue estimado en unos 50.000 euros. Siempre entre sus proyectos pictóricos, el artista dice que también coloreará de rojo un oasis en Marruecos, como 'un himno a la fraternidad entre los pueblos, pues el rojo es también el color del amor'. A Evaristti le gusta provocar y ya había dado que hablar en 2004 cuando pintó de rojo un iceberg en Groenlandia para protestar contra 'los desechos nucleares abandonados por Estados Unidos cerca de la base de Thulé', en el norte de la isla. Cuatro años antes había provocado escándalo con una controvertida exposición en el museo danés de Trapholt (suroeste) cuando puso peces tropicales en una licuadora, dejando a los visitantes la posibilidad de apretar o no el botón de encendido. 'Quería dejar a la gente frente a su conciencia, su libre albedrío, su instinto, para apoyar o no el botón de la muerte', explicó en esa época. Una organización de protección de los animales lo demandó, pero finalmente fue absuelto. Evaristti vive en una idílica aldea al oeste de Copenhague, pero no quiere revelar su dirección 'debido a las amenazas' recibidas durante años por sus creaciones, que a veces provocan 'animosidad', como sucedió con sus cuadros pintados con heroína. Hace algunos años, en Copenhague, invitó a toxicómanos a pintar cuadros con heroína, cocaína y sangre contaminada con el virus del Sida, porque quería 'despertar las conciencias y denunciar a la sociedad que trata a los drogadictos como desechos'. Su última creación fue en octubre pasado, cuando compró 14 telas originales de artistas célebres del movimiento europeo COBRA (1948-1951) para pintar sobre de ellas y darles 'una nueva vida', dijo. Después de precisar que era un gran admirador del danés Asger Jorn, padre del movimiento COBRA (acrónimo de Copenhague, Bruselas y Amsterdam), Evaristti explicó que 'como él, yo modifico, reconstruyo esos cuadros que en la época eran un grito de rebelión contra la pintura respetable, que son de gran banalidad hoy en día y que se compran por snobismo'. Entre sus proyectos que seguramente van a chocar está la exposición que tiene programada para el 19 de enero en la 'Galería Animal' en Santiago de Chile, donde presentará una escultura hecha con sus excrementos sólidos, enchapados en oro de 24 kilates y adornados con diamantes. 'Un artista debe ser un visionario comprometido, adelantarse a su época (...) la historia le dará razón', piensa Evaristti.
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