Nuevo estudio describe a los Omeyas como 'supervivientes natos'
El historiador Eduardo Manzano Moreno explica la longevidad de la dinastía Omeya y el esplendor de Al-Andalus en la particularidad de esta familia, de la que afirma que 'eran supervivientes natos' en su nuevo libro, 'Conquistadores, emires y califas' (Editorial Crítica).
Según el autor, no son muchas las dinastías que 'pueden exhibir una historia de permanencia en el poder tan larga y continuada' al recordar que en su ciudad de origen, La Meca, los Omeyas llegaron incluso combatir a su lejano pariente, el profeta Mahoma, de manera que cuando éste logró imponer su autoridad religiosa y política 'la suerte del linaje que había abanderado la oposición contra él parecía estar sellada', pero, añade, 'no ocurrió así'.
Los miembros de este linaje acabaron por hacerse con la herencia del profeta desplazando a otras gentes 'tal vez con más derechos morales que ellos, pero dotados de menos habilidad y poder', de manera que se convirtieron en califas del naciente imperio creado en Orienta Próximo y durante casi noventa años consolidaron ese imperio y lo extendieron hasta el Atlántico 'protagonizando una de las expansiones militares más rápidas que ha conocido la historia'.
Manzano Moreno, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), trata de ofrecer en este libro una visión renovadora de las épocas más controvertidas de la historia de la Península, los tres siglos que siguieron a la conquista árabe de 711, durante los que el territorio cristiano y romanizado se transformó en el Al-Andalus árabe y musulmán.
El autor ha enriquecido su lectura crítica de las fuentes árabes y latinas con las aportaciones más recientes de la arqueología y la numismática que, según los editores de la obra, 'iluminan y matizan en muchas ocasiones lo que cuentan las fuentes escritas'.
La 'supervivencia' de los Omeyas queda de manifiesto cuando en 750 los califas omeyas fueron derrocados por la familia rival de los Abbasíes, quienes les exterminaron implacablemente pero no pudieron evitar que uno de sus vástagos, Abd al-Rahman Mu'awiya escapara para llegar al extremo más oriental del imperio árabe, Al-Andalus, conquistado cuatro décadas antes.
En Al-Andalus, el huido logró hacerse proclamar emir y 'sus sucesores se mantuvieron en el poder durante casi tres siglos, algo inédito en un país que hasta entonces no había conocido dinastía tan estable'.
Manzano Moreno sostiene en su libro que es 'erróneo pensar que la conquista árabe alumbrara de la noche a la mañana un nuevo 'modelo' social que se mantuvo intacto en Al-Andalus durante ocho siglos'.
La formación de esa sociedad, prosigue, responde a un modelo complejo y muy dilatado en el tiempo con 'una fuerte relación entre conquistadores y población indígena', de manera que aquellos nunca fueron engullidos por ésta ni ésta tampoco desapareció de forma súbita.
Frente a la idea de que Al-Andalus se conformó como una sociedad tribal en la que los conquistadores llegaron agrupados en 'conjuntos clánicos', el libro de Manzano Moreno ofrece 'una tesis radicalmente opuesta', la de que tanto la conquista de 711 como las posteriores oleadas árabes que llegaron a la Península 'fueron protagonizadas por ejércitos bien organizados de un imperio centralizado'.
Considerar, pues, Al-Andalus como una sociedad 'en la que el poder político era fuerte, en la que el control social de las clases dominantes era intenso y en la que los elementos ideológicos jugaron un importante papel de legitimación, supone también proponer que algunas e las concepciones hasta ahora vigentes deberían ser ampliamente revisadas', añade el historiador.