Pitol ensalza el anhelo de libertad y justicia que hay en Quijote
El escritor mexicano Sergio Pitol ensalzó hoy el anhelo de libertad y de justicia que palpitan en el Quijote al pronunciar su discurso de agradecimiento del Premio Cervantes, en el que rindió homenaje a sus maestros y destacó la influencia notable que el exilio español tuvo en la cultura mexicana.
'La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos'. Esas hermosas palabras del Quijote resonaron en el Paraninfo renacentista de la Universidad de Alcalá de Henares, leídas por Sergio Pitol que, como Cervantes, ha sido un hombre visionario e independiente y ha hecho de la libertad y de la capacidad para innovar ejes de su obra.
Fue un discurso ameno, emotivo y leído con voz pausada, en el que Sergio Pitol (Puebla, 1933) pasó con maestría de los recuerdos de su infancia y de la pasión por la lectura que le inculcó su abuela, al elogio de sus maestros -entre ellos el mexicano Alfonso Reyes y los españoles Manuel Pedroso y Aurelio Garzón- y al homenaje al exilio español, para acabar hablando de la libertad en el Quijote.
'El exilio español enriqueció de una manera notable a la cultura mexicana. Aquellos peregrinos, heridos por una guerra atroz y derrotados, crearon una atmósfera intelectual mejor', afirmaba el galardonado, antes de citar a algunos de aquellos exiliados: María Zambrano, Luis Buñuel, Luis Cernuda, José Moreno Villa, Manuel Altolaguirre, José Bergamín y Max Aub, entre otros.
Todos ellos 'nos enseñaron a entender y amar a la España que representaban y ampliar nuestros horizontes', y estos intelectuales le descubrieron a Pitol y a los de su generación 'la grandeza de Galdós'.
En presencia de los Reyes, del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; de la ministra de Cultura, Carmen Calvo, y de las numerosas personalidades que llenaban el Paraninfo, Pitol contó cómo, desde que ganó el Premio Cervantes, el pasado 1 de diciembre, ha recordado fases de su vida, 'unas radiantes y otras atroces', pero, sobre todo, ha vuelto una y otra vez a su infancia.
Pitol se quedó huérfano a los cuatro años y se fue a vivir con su abuela a un pequeño pueblo situado en la selva, en una zona 'tórrida e insalubre', en el que pronto enfermó de paludismo y tuvo que guardar cama durante años.
Su abuela 'vivía para leer todo el día sus novelas', de Tolstoi en especial, y le inculcó al niño la pasión por los libros. 'La enfermedad me condujo a la lectura: comencé con Verne, Stevenson, Dickens y a los doce años ya había terminado 'La guerra y la paz'. A los dieciséis o diecisiete años estaba familiarizado con Proust, Faulkner, Mann, la Woolf, Kafka, Neruda, Borges, los poetas del grupo Contemporáneos, mexicanos, los del 27 españoles, y los clásicos españoles', recordaba el escritor.
Con ese abultado equipaje de lecturas, a los 16 se trasladó Pitol a la ciudad de México para cursar estudios en la Facultad de Derecho, que fue la que definió su 'camino hacia la literatura', porque allí tuvo como profesor a Manuel Martínez de Pedroso, rector de la Universidad de Sevilla y 'una de las persona mas más sabias que he conocido'.
'Era un narrador espléndido, nos relataba sus actividades durante la Guerra Civil y sus experiencias en el sobrecogedor Moscú de las grandes purgas, donde fue el último embajador de la República Española. Nos incitaba a leer, a estudiar idiomas, pero también a vivir', afirmó Pitol, para elogiar a renglón seguido a otro de sus maestros: el mexicano Alfonso Reyes, cuyos libros leyó 'por el puro amor a su idioma'. Logró 'transformar, renovándola, nuestra lengua'
'Lo que mi generación le debe ha sido invaluable. En una época de ventanas cerradas, de nacionalismo estrecho, Reyes nos incitaba a emprender todos los viajes', aseguraba en su discurso Pitol, para quien el cuento 'La cena' de este maestro de Monterrey ha influido poderosamente en su obra.
'Esa 'cena' debe haberme herido en el flanco preciso. Años después comencé a escribir. Y sólo hace poco advertí que una de las raíces de mi narrativa se hunde en aquel cuento', añadió el autor de 'Juegos florales' o 'El arte de la fuga'.
Su tercer maestro fue Aurelio Garzón, un gramático y 'traductor infatigable', que fue salvado por la Embajada mexicana de un campo de concentración. Me transmitió su pasión por el idioma, que él convertía casi en una religión', señaló el Premio Cervantes.
Pero en un discurso como el de este premio, las referencias al gran escritor español del Siglo de Oro son obligadas, y Sergio Pitol eligió el valor de la libertad que late en el Quijote para respetar la tradición.
El escritor considera que uno de los ejes fundamentales del Quijote 'consiste en la tensión entre demencia y cordura'. Los desastres que tanto abundan en la primera parte de la obra 'hacían reír a sus contemporáneos', pero bajo esa diversión 'se esconde el espejo de una época inclemente, un anhelo de libertad, de justicia, de saber, de armonía'.
'Cervantes convierte la locura en una variante de la libertad', y se permitió en su obra 'algunas libertades que pocos se atreverían', señaló el brillante narrador mexicano, quien también hizo hincapié en 'la libertad absoluta' que hay en la estructura del Quijote.
'La demencia le ofrece un marco propicio y la imaginación se la potencia', subrayó el premiado para sentenciar al final de su discurso: 'Cervantes es un adelantado de su época'; toda la narrativa ulterior importante 'encuentran sus raíces' en el Quijote.