BUSCAR EN EL CANAL


Hombre actual


Cultura Cultura


austria-funerales (crónica) 30-06-2007


'Pompas fúnebres' de Viena celebran su centenario con música y platos típicos


La funeraria municipal de Viena celebra el 1 de julio el centenario de su fundación con unos actos especiales que culminarán con música funeraria y platos típicos de origen diverso, por ejemplo judío, turco o incluso mexicano, como demuestran las 'calaveras' comestibles que ofrece.


El aniversario sirve de motivo para recordar la historia de esta empresa y de los ritos, que alcanzaron tal exuberancia en el siglo XVIII, cuando se empezaba a hablar de 'pompas fúnebres', de la que aún se deriva una expresión típicamente vienesa para los funcionarios que suelen acompañar los séquitos.

Los empleados de la funeraria municipal organizaron hoy una 'jornada de puerta abierta' en la que respondieron a preguntas sobre ritos fúnebres, cementerios, floristas y tallistas, además se exponen en los próximos meses diversos modelos de ataúdes, uniformes de los sepultureros, literatura especializada y otros detalles.

La funeraria de Viena surgió en 1907, al unirse las dos empresas locales más importantes del sector.

Ambas se convirtieron en empresas públicas para poner fin a una lucha competidora poco digna: los porteros de las casas de la ciudad podían ganarse una propina avisando a una de las dos firmas cuando se habían enterado de que alguien estaba muriéndose.

Los funerales más ceremoniosos que se celebraron en la Viena de principios del siglo pasado fueron las exequias del emperador Francisco José en 1916, que alcanzaron un máximo de pompa.

Existían siete categorías de entierros. En la mejor, unos caballos negros transportaban al difunto al cementerio en un carruaje.

Asimismo se exigía al personal acompañante que supiera montar y dominara las reglas ceremoniales de la Corte española de los Habsburgo, llevando unos uniformes clásicos con sombrero de dos picos.

Los tiempos de la era nazi y la II Guerra Mundial estuvieron caracterizados por la precariedad y el hambre; por eso en el Cementerio Central de Viena se criaba verdura para que la gente tuviera qué comer y muchos caballos fueron sacrificados para matar el hambre.

Durante la guerra, se empleaban a unas mujeres que revestían de papel metálico los ataúdes de material barato para hacerlos más vistosos.

Cuando una bomba destruyó la fábrica de ataúdes municipal en 1945, la demanda ya no pudo cubrirse y los muertos se llevaban a los cementerio envueltos en papel.

Tres 'tranvías funerarios', de color negro, que se remontaban a la I Guerra Mundial, volvieron a sacarse a relucir, y como el personal no daba abasto después de los bombardeos, miles de cadáveres fueron enterrados provisionalmente en los parques, junto a las iglesias, en plazas y calles de la ciudad.

En 1982, unas 10.000 personas asistieron a las exequias nocturnas del actor Curd Juergens, al que sus aficionados rindieron homenaje en el Cementerio Central, y en 1998, otros 10.000 acompañaron en su último camino al cantante de música rock Falco, flanqueado por unos rockeros.

En 1989 falleció Zita, la viuda del último emperador austro-húngaro Carlos I, que fue trasladada de su exilio en Suiza al monasterio de Klosterneuburg, cerca de Viena, donde se instaló la capilla ardiente, y tres días después, a la catedral de San Esteban, donde permaneció otros dos días para que los ciudadanos de la República pudieran despedirse de ella.

En el coche fúnebre de los Habsburgo tirado por ocho caballos negros, expuesto hoy en un edificio adjunto del Palacio de Schoenbrunn, Zita fue llevada a la cripta de los capuchinos, donde descansa junto a 146 miembros de la familia imperial, entre ellos doce emperadores y 19 emperatrices.

En la entrada de la cripta, la esperaba, como a todos sus antecesores de la dinastía, un monje que preguntó tres veces: '¿Quién pide entrada?', pero no la dejaron pasar hasta que prescindiera de todos sus títulos y posesiones solicitando acceso como 'humilde ser humano'.

Un año más tarde, fue enterrado el popular canciller socialdemócrata Bruno Kreisky, que tuvo la capilla ardiente en el Parlamento y cuyo conducto fúnebre pasó por la central de su partido socialdemócrata, el SPOE.

Según recuerda la funeraria de Viena, los actores del anterior teatro de la Corte, el Burgtheater de Viena, por su parte, tienen el privilegio de que, en homenaje al muerto, el cortejo fúnebre dé una vuelta a ese edificio en la avenida suntuosa del Ring.



Terra Actualidad - EFE

IMPRIMIR ENVIAR A UN AMIGO