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patrimonio humanidad 13-07-2006


El Puente Colgante, símbolo industria vasca, Patrimonio Humanidad


El Puente Colgante de Vizcaya, construido en 1893 con miles de toneladas de acero de Bilbao y convertido en símbolo de la industrialización vasca, es desde hoy Patrimonio de la Humanidad por su equilibrio entre funcionalidad y belleza y también por los valores de 'universalidad' que representa.


Ergido sobre la desembocadura de la Ría del Nervión, éste gigantesco mecano de 61 metros de altura y 160 metros de luz entre sus pilares ha transbordado en su barquilla a más de 650 millones de viajeros en 113 años de existencia repleta de anécdotas y aún lo sigue haciendo en perfectas condiciones.

'La declaración pondrá a Portugalete en el mapa mundial', declaró hoy, orgulloso, Mikel Cabieces, el alcalde de esta localidad vizcaína, que siempre ha identificado como propio un puente que, en realidad, era de Vizcaya, y ahora ya es de toda la 'Humanidad'.

La satisfacción, expresada hoy por numerosas instituciones y fuerzas políticas del país vasco, entre ellas el Ministerio de Cultura y el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, se ha producido tras conocer la decisión de la 30 Sesión del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, reunida en Vilnius, Lituania.

'El puente constituye una excepcional expresión de creatividad técnica, en la que se combinan perfectamente su funcionalidad y su belleza estética', ha señalado el Ministerio de Cultura para destacar la decisión de la Unesco.

La decisión ha convertido al Puente Colgante de Vizcaya en el primer bien inscrito del Patrimonio Industrial de España y también del País Vasco, donde constituye uno de sus principales atractivos turísticos.

Miles de turistas y curiosos acuden cada año a Portugalete y a Getxo, en la margen opuesta de la ría, para admirar una maravilla de la ingeniería que recuerda vivamente a la Torre Eiffel.

El parecido con el emblema de París le viene al Puente Colgante por su diseñador, el ingeniero Alberto de Palacio, ya que era discípulo de Gustave Eiffel, pero su carácter de transbordador se debe al contratista francés Ferdinand Arnodin con el que se asoció Palacio.

Así, en plena revolución industrial y mientras se alzaban a escasa distancia las factorías y fundiciones que habrían de dar lugar más tarde a los Altos Hornos de Vizcaya, en Sestao, la creación de Palacio y Arnodín se convirtió en el primer Puente Colgante con vehículo transbordador construido en el mundo.

'¿Así que le han declarado Patrimonio....?', preguntaba hoy con el aliento entrecortado un joven deportista a sus dos compañeros con los que practicaba 'jogging' mientras pasaban bajo los cables tensores del puente. 'Si -respondió otro de los corredores- creo que había una propuesta de la Unesco o algo así'.

La fisonomía del puente apenas evidenciaba hoy que se trata de uno de los días más importantes de su ya larga vida y la estructura minimalista y pintada de negro del puente continuaba impávida sobre la ría.

La celebración por todo lo alto se prepara para el día 22 de julio aunque quizás había más turistas de lo habitual en la pasarela superior, advertidos de la distinción concedida por la Unesco.

Unos visitantes venidos de Valencia comentaban haber leído en algún sitio que el puente fue bombardeado y destruido durante la guerra civil, y que había pilotos 'suicidas' que volaban bajo su estructura.

Estas y otras anécdotas son ciertas, como lo es el que los barcos más grandes del mundo, construidos ría arriba en la década de los 80 en los astilleros de La Naval, de Sestao, pasaron tras ser botados bajo la estructura del puente, casi rozando la plataforma por la que corre el carretón que transporta la barquilla de pasajeros.

Aunque existen otros puentes colgantes concebidos como transbordadores en el mundo (el de Rochefort-Martrou, en Francia, el de Newport en Inglaterra y el de Osten, en Alemania, y también hay uno en La Boca, en Buenos Aires) el de Vizcaya es el más antiguo entre los que siguen funcionando y eso ha sido una razón de peso para su designación como Patrimonio de la Humanidad.

Entre las peculiaridades que presenta el Puente Colgante de Vizcaya se encuentra el modo de unir las piezas de metal que lo sustenta, ya que en 1890 no existían las técnicas actuales de soldadura.

Las planchas de acero se unían mediante pernos de una sola cabeza de unos 12 centímetros. Para fijar las planchas, se colocaba un remache al rojo vivo en el extremo opuesto del perno, en una técnica similar a la que se empleó con los mamparos del Titanic o con cualquiera de los grandes buques que se construían a principios de siglo.

Decenas de generaciones de 'portugalujos' y 'getxotarras' se han criado y hecho mayores entre los cables y los pilares repletos de remaches de la estructura del puente, observador de la intensa vida fluvial y portuaria de la ría del nervión y hoy testigo mudo del florecimiento y del declive de la minería y la industria vasca.



Terra Actualidad - EFE

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