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Quizá Chris Martin miró de reojo el estadio al pasar y pensó que no está lejano el día en que Coldplay provoque colas kilométricas y noches al raso de aficionados ávidos por presenciar sus recitales en grandes recintos como el donostiarra, que se abrió para U2 once años después de albergar otro gran concierto, el de Pink Floyd. Por el momento el estatus de Coldplay, aunque en pleno ascenso, le permite llenar el velódromo y colmar las expectativas de sus entregados fans con un recital que arrancó con una clara declaración de intenciones, una descarga eléctrica con 'Square One', el tema que abre su último y aclamado trabajo, 'X&Y', tras el que sonó el contundente 'Politik'. A partir de este potente inicio, Guy Berryman (bajo), Jonny Buckland (guitarra), Will Champion (batería) y Chris Martin (guitarra, piano y voz) acometieron durante unos 90 minutos su homogéneo repertorio procedente de su tres exitosos álbumes, 'Parachutes' (2000), 'A rush of blood to the head' (2002), y el ya mencionado 'X&Y', publicado el pasado mes de mayo. Temas tan reconocibles como 'Yellow', con un juguetón Martin pinchando globos amarillos gigantes con el mástil de su guitarra, 'Speed of sound', 'Clocks', 'Talk' o 'God put a smile upon your face' conformaron la columna vertebral de espectáculo. El marido de Gwyneth Paltrow se multiplicó entre el piano, la guitarra y su principal arma, una voz capaz de brillar tanto en sus habituales falsetes como en registros más graves y que constituye una de las claves del éxito de la formación británica. Coldplay interpretó sus rotundas canciones preñadas de emoción eléctrica con solvencia y potencia, demostrando que es una banda de directo y que posee los ingredientes necesarios para el triunfo en el circo del rock, a pesar de las críticas de quienes no soportan que un grupo tildado de 'alternativo' rompa las barreras y sea aceptado y adorado por el gran público. El concierto decayó algo, sin embargo, cuando el grupo hizo un paréntesis acústico, con homenaje a Johnny Cash incluido. Si algo caracteriza a Coldplay son las densas orquestaciones eléctricas que engrandecen la mayoría de sus canciones, y más aún en directo, como dejaron patente hoy. Para el final, al igual que en el resto de los recitales de su actual gira, Coldplay reservó dos de sus platos fuertes, dos canciones que, tras escucharlas en directo, dan la sensación de que resistirán al tiempo y alcanzarán la categoría de himno: 'In my place', con Martin mezclado entre el público muy lejos del escenario, y 'Fix you', su emocionante último éxito. Un final perfecto.
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