Teresa Gallego: 'Pagar mal al traductor es un inmenso desprecio al lector'
María Teresa Gallego Urrutia, galardonada hoy con el Premio Nacional de Traducción a toda su trayectoria, se muestra muy combativa con aquellas editoriales que 'pagan mal' a los traductores, y asegura que no destinar el dinero necesario a ese capítulo 'es un inmenso desprecio al lector'.
'Darle al lector cualquier cosa entre dos tapas, es una falta de respeto al profesional, pero, sobre todo, es el mayor desprecio que se le puede hacer a un lector y, por supuesto, a la literatura', afirmaba, en declaraciones a EFE, Gallego Urrutia, 'muy contenta y emocionada' por un premio que reconoce los más de cuarenta años que lleva dedicada a difundir en español la obra de numerosos escritores franceses.
Gallego (Madrid, 1943) se enteró del premio gracias a la llamada del ministro de Cultura, César Antonio Molina. 'Ha sido una sorpresa total para mí', ha dicho.
Comenzó a los 17 años con el Premio Goncourt de 1960 y, desde entonces, habrá traducido 'más de cien libros de unos ochenta autores'.
Vicepresidenta de la Asociación Colegial de Escritores-Sección de Traductores, Gallego tiene ahora entre manos la obra de Gide 'Los monederos falsos' y, cuando lo acabe, empezará con 'Lo seco y lo húmedo', de Jonathan Littel, del que ya tradujo 'Las benévolas'.
Luego vendrán Stendhal y 'toda su narrativa corta', y otro libro de Patrick Modiano, uno de sus escritores predilectos y que 'debería haber sido este año Premio Nobel en vez de Le Clézio', dice.
Le gustan 'los clásicos franceses', pero si tiene que 'elegir un autor por encima de todos, ése es Pierre Michon: es como Dios, es un escritor fantástico, definitivo'.
Gallego es consciente de que algunas editoriales no dedican el presupuesto suficiente a las traducciones, pero cree que 'el lector lo nota menos de lo que debería, porque los traductores españoles, salvo excepciones, somos terriblemente concienzudos, trabajadores y puntillosos'. 'Ponemos los cinco sentidos, aunque nos paguen mal', asegura.
Hay editoriales que se portan 'de forma impecable', pero aquellas que 'pagan poco y maltratan al traductor, están faltando al respeto a un profesional pero, sobre todo, al lector', dice tajante.
Miguel Martínez-Lage (Pamplona, 1961), el otro galardonado hoy con el Premio Nacional por su traducción de 'Vida de Samuel Johnson' (El Acantilado), mostraba también 'la gran alegría' que le había supuesto ganar este galardón y le parecía 'estupendo' que la otra premiada fuera María Teresa Gallego.
En declaraciones a EFE, señalaba que al traducir el libro de Boswell tuvo que tener en cuenta que 'es un clásico inglés del siglo XVIII, y hubo que salvar bastantes kilómetros y 219 años'.
'Hice una inmersión a pulmón libre en el Londres del siglo XVIII, que era pura efervescencia comercial, intelectual y vital', añade el traductor de 'Vida de Samuel Johnson', una obra de 'dos mil páginas'.
Dada la extensión y la dificultad que entraña traducir el libro de Boswell, Martínez-Lage le dedicó 'unos seis años', pero, en realidad, es toda su vida, sus años de formación y de trabajo los que están detrás de esta traducción.
'Yo mañana cumplo 47 años. Ese es el tiempo que he tardado en traducir 'La vida de Samuel Johnson', subraya Martínez-Lage, quien aclara que esta traducción 'no fue un encargo', sino que fue 'una iniciativa personal' a la que procuró 'encontrarle el mejor acomodo editorial'.
Con su trabajo ha difundido la obra, entre otros, de Martin Amis, Beckett, Coetzee, Henry James, Poe o Virginia Woolf, pero hace especial hincapié en 'el último grande' que ha hecho: Faulkner y su 'Absalón, Absalón'.
Próximamente verá la luz en Siruela su traducción de una selección de textos de no ficción de Conrad, titulada 'Fuera de la literatura'.